Autor Tema: El horror de la colina  (Leído 7390 veces)

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algeron81

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El horror de la colina
« en: 19 de Noviembre de 2005, 02:42:47 pm »
Mi nombre es Marcos Gutiérrez. Escribo estas líneas en los pocos momentos de lucidez que las drogas me conceden. Son embargo, esta escasa libertad no me libera, es más, me ata presa del mismo terror que obligó a que me ingresasen en este manicomio. La única forma que veo para conseguir mi tan ansiada liberación es poniendo por escrito los hechos tal y como ocurrieron. Algunos diréis “mirad a ese loco” pero os juro por mi vida que todo es tal y como sucedió.

El pasado año, mi amigo Juan me invitó a acompañarlo a visitar una casa que un tío suyo recientemente fallecido le había legado en herencia. Por lo poco que sabía de él, era una persona un tanto excéntrica, tanto es sus gustos como en sus acciones. Era un entusiasta del mundo de lo oculto, había leído todo lo publicado acerca de los fantasmas, las brujas... Yo acepté a ir con él y tras pedir unos días libres en el trabajo, le acompañé.

Por el camino, Juan me contó que la casa de su tío estaba situada en la ladera de una colina y que las personas más cercanas estaban a varios kilómetros. El motivo de este aislamiento según él mismo decía, era que la gente le molestaba en sus estudios. Esto no dejaba de sonar extraño puesto que el tío de Juan era un arquitecto retirado.

Después de varias horas de viaje en coche, llegamos a la casa y solo con verla desde afuera, comprendí porque la gente calificaba de excéntrico a su propietario. Toda la ornamentación de la propiedad hacia referencias a un tema satánico, con montones de demonios y otros seres deformes irreconocibles. Debió de ser tal la cara de asombro que puse, que Juan me confesó que la primera vez que había estado en la casa cuando era un niño, se echó a llorar de puro miedo.

Al entrar en la casa, me fijé en que la decoración no desentonaba con el exterior. Más demonios, sátiros y demás parafernalia. Sin embargo, la casa era bonita y con un profundo cambio en la decoración podía convertirse en una residencia muy agradable para veranear, alejada de la bulliciosa ciudad. Empezamos a recorrer las diferentes habitaciones una tras otra, y poco a poco fuimos comprendiendo que el tema del ocultismo más que una afición consistía en un modo de vida para el tío de Juan. Cuando ya habíamos inspeccionado todas las habitaciones de la planta baja, subimos a la planta superior por una destartalada escalera de madera. Lo que son las cosas, ahora recuerdo que Juan hizo un comentario acerca de restaurarla, porque aseguraba que le daría un toque de distinción a la casa.

Arriba había bastante menos que ver ya que toda la planta estaba ocupada por un enorme dormitorio y un no menos grande despacho atiborrado de libros: en las estanterías, por el suelo, encima del escritorio. Todo estaba lleno de libros y apuntes manuscritos acerca de ellos. Nos bastó echar un simple vistazo para confirmar la temática de todos aquellos documentos. Esto ya rallaba la obsesión, la locura.

Estábamos echando una ojeada a los libros de una de las estanterías cuando oímos un golpe en la planta baja. Seguros de que no podía tratarse de nadie, supusimos que habría sido provocado por algo al caerse, y seguimos inspeccionando tranquilamente la habitación. Apenas había pasado un par de minutos cuando oímos el aullido más aterrador que jamás habíamos siquiera soñado en nuestras peores pesadillas. Juan dijo que seguramente había sido un lobo en la montaña, pero los dos estábamos completamente seguros de que el aullido provenía del interior de la casa.

Con todos nuestros músculos temblando de puro miedo, bajamos las escaleras y llegamos de nuevo al recibidor. Nada parecía haber cambiado en el tiempo que estuvimos arriba. Con mucho ciudad, volvimos a recorrer las habitaciones una por una, pero no encontramos nada fuera de lo normal. Algo más tranquilos pero con algún resto de miedo en lo más profundo de nuestro ser volvimos al salón para relajarnos bebiendo algo, cuando oímos de nuevo el estremecedor aullido. Esta vez no había ninguna duda, provenía de la cocina. Yo estaba bastante asustado, y le sugería a Juan que nos fuésemos y que ya volveríamos más tarde, pero él me dijo que no estaba dispuesto a que un lobo le echase de su casa así que nos dirigimos a la cocina, él delante y yo detrás, dispuestos a enfrentarnos con el lobo. Al encender de golpe todas las luces de la cocina, no estábamos preparados para lo que vimos: nada. Parecía como si el lobo, si es que era un lobo, se hubiera esfumado como si fuese humo. Solo había una posible salida además de la que habíamos usado nosotros, la puerta del sótano.

Yo me encontraba aterrorizado, pero al ver la seguridad con que Juan abrió la puerta del sótano, no pude evitarme verme arrastrado a seguirle. Un nauseabundo olor a cerrado, a humedad ascendía desde el sótano viciando el aire que respirábamos. La oscuridad no nos permitía ver más allá de tres o cuatro escalones. Si algo aún podía resultar peor, la luz no funcionaba y nada cambió cuando accioné una y otra vez el interruptor. Juan salió a buscar una linterna al coche y yo me quede allí de pie frente a la puerta, abierta como una boca a la oscuridad del sótano. Mi cuerpo estaba rígido, mis músculos temblaban mientras evitaba hacer el menor ruido y escuchaba atentamente, casi esperando oír un nuevo aullido o peor aún, la respiración y los pasos del lobo subiendo por la escalera a toda velocidad dispuesto a abalanzarse sobre mi cuello. Así me encontraba yo cuando llegó Juan, y nada más sentir su mano sobre mi hombro, salté dándome la vuelta con los nervios crispados.

Recuerdo que Juan al ver mi reacción se rió, y me preguntó que si estaba esperando la aparición de un monstruo o un asesino en serie como en las películas. ¡Pobre insensato! No sabía aún lo que nos esperaba en el sótano.

Después de que recuperase el aliento y me tranquilizase mínimamente, comenzamos a descender por las escaleras del sótano. Juan iba delante iluminando las escaleras con el haz de luz de la linterna; yo iba detrás, temblando irremediablemente, estremeciéndome de miedo. No podía explicar porque, pero sentía que algo terrible nos esperaba abajo en el sótano. Súbitamente, oí un golpe a mi espalda y me giré sobresaltado. Al ver que sólo había oscuridad a mi espalda, comprendí que el ruido había sido causado por la puerta al cerrarse, seguramente a causa del viento pensé. Me volví y continuamos bajando hasta que llegamos al final de la escalera.

El sótano era enorme y a pesar de la enorme cantidad de trastos viejos que había allí almacenados, más de la mitad de la superficie permanecía libre. A la luz de la linterna, cada objeto tenía un aspecto amenazador, como sí en realidad se tratase de una bestia salvaje preparada para abalanzarse sobre su indefensa víctima. El ambiente estaba cargado de humedad y el suelo era de tierra prensada. Podíamos ver por todo el suelo las huellas de numerosas ratas que seguramente campaban a sus anchas por el sótano. En uno de los rincones, había apilado un montón de cajas de madera más alto que un hombre. De repente, oímos un crujido que parecía provenir de las cajas o de detrás de ellas. Juan se acercó al rincón, intentando averiguar el origen del crujido. Cuando estaba a menos de un metro de distancia de las cajas, se oyó el crujido de nuevo, aunque esta vez fue bastante más fuerte y el montón se cajas se derrumbó sobre Juan.

La linterna cayó al suelo, alternando la luz y la oscuridad según rodaba por el suelo. Vi a Juan durante un segundo y acto seguido se vio envuelto en las tinieblas. No podía ver nada, parecía como si una espesa niebla se hubiese levantada y llenaba por completo el sótano. Mis sentidos estaban embotados; de repente oí como Juan gritaba como presa de un dolor horrible. Su chillido me perforó los tímpanos, resonando en el interior de mi cabeza. De una manera tan brusca como comenzó, el chillido se interrumpió. Todo permanecía envuelto en oscuridad cuando sentí un golpe en el pie. Al agacharme, reconocí al tacto la linterna y la recogí. Me levanté alumbrando hacia el rincón de las cajas y vi a Juan tirado en el suelo, inmóvil como muerto. Me acerque a él y al hacerlo pude ver que no respiraba. ¡Dios mío! ¿Qué era lo que había pasado?

Sentí un ruido a mi espalda y al girarme pude ver bajo la luz de la linterna la cosa más horrorosa que nunca ser humano haya visto. No encuentro palabras para describirla, solo sé que su simple visión me aterró. Parecía un hombre, o al menos tenía una forma vagamente humana. Lo primero que vi fueron sus ojos rojos, brillantes como dos bolas de fuego en la oscuridad. Luego su piel; aquello fue horrible: era escamosa y llena de bultos como la de un reptil. Aquello fue superior a mí. Cerré los ojos fuerza intentando apartar aquella espantosa visión sin embargo, al volver a abrirlos, aquella cosa seguía frente a mí.

A partir de ese momento todo está muy borroso en mi mente. Lo único de lo que estoy seguro es que aquella cosa era real y que Juan estaba muerto. Me parece que apagué la linterna y empujando a la criatura salí corriendo del sótano. Subí las escaleras a toda velocidad y cerré la puerta del sótano con fuerza tras de mí. El único pensamiento que había en mi cabeza era alejarme lo más que pudiera que allí, apartar aquella casa de mi vida.

No sé cuanto tiempo estuve andando a la deriva; lo siguiente que recuerdo después de salir de la casa es encontrarme aquí recluido, en este instituto mental, como ellos lo llaman, aunque no deja de ser un condenado manicomio. Todos los que escuchan mi historia llegan a la conclusión de que estoy loco, pero yo sé que es la verdad. Cierto que encontraron el cuerpo de Juan exactamente donde yo dije, pero el forense dice que falleció por causas naturales. Así que aquí me tienen, solo con mis recuerdos. Agradezco las drogas que me dan a diario pues me permiten olvidar, aunque sea de manera fugaz, lo que pasó aquel día. Sin embargo, aún no se ha inventado una droga lo bastante potente como para borrarlos definitivamente, para evitar que cada vez que cierro los ojos, se aparezcan ante mí aquellos dos puntos de fuego brillando en la oscuridad. Siento que la criatura se ha quedado insatisfecha, que la vida de Juan no la ha saciado y que algún día decidirá terminar lo que empezó y vendrá a por mí. De hecho, cada nuevo día, cada minuto, noto como se acerca a mí y que cada vez está más cerca...
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algeron81

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Re: El horror de la colina
« Respuesta #1 en: 19 de Noviembre de 2005, 02:47:27 pm »
espero que os guste! es un relato que escribi hace un par de años como motivo de un concurso universitario de relatos cortos...

acepto vuestras criticas (constructivas, de acuerdo?) jeje

un saludo

atentamente, algeron81
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Salsbury Deth

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Re: El horror de la colina
« Respuesta #2 en: 22 de Noviembre de 2005, 04:52:19 am »
Hey he visto la muerte en esos ojos!!!!...y aun te persigue!!!...lo cierto es que pareciera como si no hubo ninguna intervencion policial...directamente al manicomio...o ha sido una nueva puerta hacia la percepcion?
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?  y yo me hice cargo de ellos.

astahendida

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Re: El horror de la colina
« Respuesta #3 en: 29 de Mayo de 2008, 09:56:49 pm »
Interesante relato... se nota la influencia de la obra de Lovecraft, lo cual no deja de ser bueno... la ambientación en una casa solitaria, la criatura con su piel deforme y protuberante... te basaste en alguna criatura de los mitos o la descripcion es tuya? en caso de ser una criatura existente, yo creo que me arriesgaria a apostar a que es un habitante de las arenas... pero bueno, puede que me equivoque y que tantos ratos juganda a La Llamada de Cthulhu hayan afectado a mi cordura y no pueda ya distinguir la realidad... de la ficción...

un saludo de astahendida