Autor Tema: Newfax Turno 18 (1090-1094)  (Leído 28959 veces)

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Newfax Turno 18 (1090-1094)
« en: 19 de Julio de 2006, 03:59:43 pm »
Reino de Venecia
(Romano Católico Marítima Nación Abierta)
Nicolás Aleixandre, Rey de Venecia
Diplomacia: Corsica (NT), Canarias (NT)

La firma del importante acuerdo de colaboración entre los reinos de Venecia e Italia, con el que el Rey Nicolás Aleixandre pretendía asegurarse un periodo de paz estable y próspero entre las dos naciones vecinas, no se pondría en funcionamiento en tanto no se cumpliera el primero e ineludible de los compromisos: la devolución de Venecia y el traspaso de derechos sobre la ciudad de Nápoles entre ambos reinos.

Ambos requisitos se llevaron a cabo en los primeros días del año del Señor de 1090, sin que se diera lugar a ningún disturbio de importancia en ninguno de los territorios de la península. Sabedor de boca del propio Sumo Pontífice Severo III de que el Pontificado Romano pretendía renunciar a sus derechos políticos sobre Roma, el Rey Nicolás decidió no marchar directamente a Venecia sin antes trabar varias reuniones con los líderes sociales de la Ciudad Eterna, reuniones con las que trataría de acercar posiciones con Roma con vistas a integrarla dentro de su reino en el corto plazo. Los nobles, aún reticentes a causa del excesivo movimiento de fronteras en los últimos años sobre la península itálica, decidieron no dar su apoyo al Rey veneciano en tanto el tiempo no constatase que la paz era estable y perenne.

Sin dejarse desanimar por su fracaso en la ciudad de Roma, el Rey Nicolás regresó al fin a Venecia donde fue recibido en honor de multitudes por un pueblo que apenas había podido disfrutar de su reinado a causa de su súbita huida de años atrás.
Hubo de sorprenderse al descubrir que apenas había daños serios en la ciudad, y en muy poco tiempo la capital de la gran nación de comerciantes bullía de nuevo a pleno rendimiento, ayudada en gran parte por el dinero de la Iglesia y las enormes cantidades de grano y alimentos almacenados donados por el Rey de Reino Sacro de Italia como compensación por el desafortunado ataque. Allí pasó varios años disfrutando de su recién estrenado –y recién reconquistado– trono, al frente de los asuntos de importancia de la nación y tratando con su colaboración con la administración de mejorar la productividad tras el periodo de infertilidad que dejó tras de sí el saqueo de Venecia.

El Gran Capitán Umberto Frigentti, al mando de la flota de guerra Veneciana, embarcó a principios del año del Señor de 1090 y dirigió sus buques hacia el puerto de Marsella, donde inició un largo bloqueo en atención a las peticiones expresadas por el Papa (ver NF de Borgoña).

Los Generales Nazzaro di Napoli y Abondanzio dedicaron sus esfuerzos a viajar; el primero se dirigió hacia el Califato de Córdoba transportando consigo el dinero que se debía al Gran Califa por la construcción de la ciudad de Ceuta. Después viajó a Canarias, donde inició contacto con los habitantes de las islas, para después regresar a Roma. Abondanzio, entre tanto, dirigió sus buques a la isla de Córcega, independiente desde la desaparición del Arzobispado de Sicilia, con la intención de acercar posiciones con los líderes locales. Tras años de trabajo, los esfuerzos del General Abondanzio comenzaron a dar frutos.
« Última modificación: 19 de Julio de 2006, 05:48:09 pm por Uve »
?En Italia, durante 30 a?os de dominaci?n de los Borgia, hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel ?ngel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor, fraternidad y 500 a?os de democracia y paz ?Y qu? nos ofrecieron? El reloj de cuco?.

Orson Welles.

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Re: Newfax Turno 18 (1090-1094)
« Respuesta #1 en: 19 de Julio de 2006, 04:35:54 pm »
Reino Sacro de Italia
(Romano Católico Nómada Nación Abierta)
Vlad I, Rey de Italia.
Diplomacia: Romagna (F), San Severo (F)

El Rey Vlad no había nacido para guerrear eternamente.
Pero sabía bien cómo hacerlo.

A principios del año del Señor de 1090, tras firmar los tratados de cooperación y desarrollo con Venecia y tomar posesión de Nápoles, el Rey abandonó Venecia dejando a sus colonos en la Romagna y desplazándose después hasta Lombardía, desde donde comenzaría el ataque sobre el territorio borgoñón en cuanto tuviera constancia de la anunciada excomunión del Rey Jean Paul. (Ver NF Borgoña)

El General Argen viajó hasta la Romagna para tomar el mando de los colonos italianos, y con ellos a sus órdenes dedicó varios años a colonizar la región. Entre tanto, y siguiendo órdenes del Rey, dirigió diversas inversiones de carácter social y también militar en Latium. Cuando acabó la colonización de la Romagna, el General Argen partió hacia San Pietro para trabajar duramente en el entrenamiento del gran ejército de infantería del Reino, convirtiéndolo tras meses de esfuerzos en un bloque de unidades de élite de primer orden.
El quince de Mayo del año del Señor de 1093, en la región de Spoleto se finalizaron las labores de construcción de una nueva ciudad para el Reino. Tras varios días de celebraciones, y siguiendo órdenes del Rey, ahora en campaña, se la inauguró con el hombre de San Severo, en honor al Santo Padre que tanto había hecho por el nuevo reino de Italia.
« Última modificación: 19 de Julio de 2006, 05:47:37 pm por Uve »
?En Italia, durante 30 a?os de dominaci?n de los Borgia, hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel ?ngel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor, fraternidad y 500 a?os de democracia y paz ?Y qu? nos ofrecieron? El reloj de cuco?.

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Re: Newfax Turno 18 (1090-1094)
« Respuesta #2 en: 19 de Julio de 2006, 05:18:42 pm »
Reino de Francia
(Romano Católico Civilizado Nación Abierta)
Louis VI, Rey de Francia.
Diplomacia: Languedoc (EA),
 
Ante la Excomunión del rey Jean Paul de Borgoña por parte del Sumo Pontífice, el Rey Louis VI decidió apoyar al Papa y su causa desoyendo las voces de quienes defendían la legitimidad del tratado de Alianza militar formal con Borgoña. Según la opinión del Rey Louis y la mayor parte de sus consejeros, el tratado estaba legalmente roto desde el momento en que Jean Paul se había posicionado en contra del Papa ganándose con ello la excomunión. Louis VI se negaba a considerar correligionario a un Anatema excomulgado por el Santo Padre, y bajo su juicio aquello invalidaba las cláusulas de su tratado con Borgoña. Y aunque muchos nobles en la corte desaprobaban las intenciones belicistas con Borgoña, los unos por creer que no había causa para el rompimiento del tratado, los otros porque aun aceptando las tesis del Rey no creían que semejante asunto debiera conducir irremediablemente a la guerra, Louis decidió arriesgarse a sufrir rebeliones entre los nobles y mandó a su país a la guerra con Borgoña.

Aunque dio el paso sin miedo, sabía el Rey que era primordial que la campaña marchara bien y que las ganancias para la corona fueran importantes si quería conservarla sobre la cabeza, de modo que decidió hacerlo bien. Para empezar, ordenó el reclutamiento de varios miles de soldados en la Capital. Situó el mando del ejército en manos del heredero al trono, su hijo el Príncipe Louis, a quien sabía mucho más dotado para asuntos militares que él mismo, y dio el control de las fuerzas de apoyo que marcharían junto al heredero al Príncipe Guillermo. Ambos marcharon sobre Aquitania durante la primera mitad del año del Señor de 1090 (ver NF Borgoña).

Al General Jean Claude lo envió hacia la región compartida con Borgoña de Languedoc, con las órdenes de lograr mayores apoyos en favor de Francia que permitieran a los nobles de la región el asumir la rotura de sus relaciones con Borgoña. El General alcanzó éxito absoluto en su misión, y en Agosto del año del Señor de 1094 la región se adhería al corpus de la nación francesa. Menos felices fueron los empeños del General Rene, quien tras dedicar varios años de esfuerzo a tratar con los líderes locales de Touluse hubo de reconocer que sus empeños habían fracasado miserablemente.
El resto de generales y nobles, aliados y feudales del Rey, mantuvieron su atención centrada en la vigilancia de las fronteras con el fin de reaccionar adecuadamente al menor movimiento enemigo.
En orden de política interna, el mayor cambio que experimentó el Reino de Francia durante aquellos años fue la evolución progresiva que sufrió su economía, hasta entonces basada en las producciones agrarias y ganaderas, a una en la que el flujo de bienes y el comercio cobraba la mayor importancia. Aquella mejora de las estructuras económicas habría de traer consigo un futuro de mayor progreso para la gran nación francesa.


Y mientras todo el mundo centraba su atención en el devenir de la guerra con Borgoña, el joven hijo del Rey Louis VI, Phillipe, comenzaba a distanciarse en las relaciones con su padre. Su hermano mayor había marchado a la guerra, y el marido de su hermana con él; ambos serían héroes... pero ¿qué pasaba con Phillipe? Él era muy joven, pero se sabía valiente y fuerte, de gran carácter. Era él quien merecía la atención de su padre el Rey, y no la indiferencia a causa de haber nacido en último lugar. Años atrás, al menos hubiera sido enviado a la Iglesia donde quizá haría carrera y podría algún día convertirse en gran general de los Ejércitos Pontificios, como el alemán ése de nombre raro, o hasta Papa. Pero ahora... ¿qué le quedaba ahora?

Nadie en la corte se dio cuenta de cómo el joven Phillipe pasaba cada vez más tiempo entre mercenarios y aventureros, frecuentando en secreto tabernas portuarias y ausentándose cada día más de sus dependencias en Palacio.
« Última modificación: 21 de Julio de 2006, 09:16:33 am por Uve »
?En Italia, durante 30 a?os de dominaci?n de los Borgia, hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel ?ngel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor, fraternidad y 500 a?os de democracia y paz ?Y qu? nos ofrecieron? El reloj de cuco?.

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Re: Newfax Turno 18 (1090-1094)
« Respuesta #3 en: 20 de Julio de 2006, 11:44:34 am »
Reino de Borgoña
(Romano Católico Civilizado Nación Abierta)
Jean Paul, Rey de Borgoña
Diplomacia:

GUERRAS BORGOÑONAS

AÑO DEL SEÑOR DE 1090
SE DESENCADENA UNA GUERRA
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Cuando el Rey Jean Paul de Borgoña lanzó a principios de año sus graves acusaciones contra el Papa, lo hizo confiando en que lograría apoyos de los reinos vecinos y, particularmente, de su aliado militar el Rey Louis VI de Francia. Pero los acontecimientos se sucedieron en cadena de un modo que no había previsto el Rey Borgoñón: el dos de Marzo llegó a toda la nación la noticia de la Excomunión del Rey por parte del Papa Severo III, y pocos meses después, Jean Paul hubo de reconocer estupefacto ante las sucesivas reacciones llegadas de todos lados que los países vecinos no sólo lo habían abandonado a su suerte, sino que estaban dispuestos a aprovechar la situación creada para atacar su país.

Los embajadores borgoñones en territorio francés regresaron a Lyonnais en Abril con las peores noticias; el Rey Louis VI había declarado que jamás acudiría a la defensa del Anatema y que consideraba nulos todos sus acuerdos y a Borgoña enemiga de su país, aunque lo más grave del asunto era que la mayor parte de sus nobles y consejeros apoyaban la decisión del Rey. La facción contraria a la drástica decisión de Louis no logró despertar simpatías entre el ejército ni los dirigentes de mayor importancia, y las noticias de que el ejército Francés se dirigía hacia las fronteras del sur resultaron ser un duro golpe para la frágil situación interna del Rey Jean Paul.

Si el Rey confiaba en que la fuerza que pudiera despertar entre sus súbditos la figura del Papa Severo III cuando respondiera a sus acusaciones sería insuficiente como para que el país reaccionara en contra de la corona, o si confiaba en que podría enfrentarse a cualquier levantamiento con la fuerza del ejército y los apoyos que pudiera recibir de las naciones católicas vecinas, son cosas que nunca se sabrán. Lo cierto es que, pocos días después de que la noticia de la excomunión del Rey Jean Paul llegase a territorio borgoñón, varias regiones se alzaban en armas contra el Anatema. Tanto Aquitania, animada por agitadores y religiosos católicos, como la región de Milán, cuyos ciudadanos temían la anunciada llegada a sus tierras de los ejércitos pontificios, se revelaron ante su Rey repudiando las acusaciones al Pontificado y separándose del reino. No sólo eso, sino que Jean Paul conoció una semana después de la noticia de su excomunión que sus fieles generales Antoine y Sebastián se habían posicionado en su contra, acusándolo de traidor a la fe y a su patria por situar a Borgoña en el objetivo de ejércitos que hasta la fecha habían sido amigos del reino.

Jean Paul reaccionó con rapidez para enfrentarse a aquello que sí quedaba a su alcance: Milán. Al mando de sus ejércitos marchó sobre la región fronteriza y la tomó sin piedad, sometiéndola en poco tiempo. Pero la alegría duró poco en el campamento del Rey: doce días después, el 30 de Marzo, el Príncipe Pierre, quien se encontraba en la ciudad de Milano, se declaraba en rebeldía contra su Rey haciéndose con el mando de la guarnición.

A partir de ese momento, todo fueron malas nuevas para el Rey Jean Paul. El siete de Abril llegaron hasta su campamento en la región de Milán las noticias que hablaban de la toma de la región de Lyonnais por parte del General Sebastián. Aquel traidor estaba ahora en el corazón de la nación, lejos del alcance de Jean Paul quien debía enfrentarse al Príncipe Pierre y, posiblemente, también al General sublevado Antoine, a quien se sabía en la región buscando apoyos para su causa. En todo aquello pensaba el legítimo Rey de Borgoña cuando fue apresado en su cama del campamento por los hombres que hacían guardia a la puerta de la tienda de campaña Real: Antoine había convencido al Príncipe Pierre para que se uniera a él, y ambos consiguieron levantar los ánimos de un ejército Real que a aquellas horas ya estaba más que descontento a causa del devenir de los acontecimientos.
Para desgracia del Rey Jean Paul de Borgoña, el cinco de Junio del año del Señor de 1090, tras dos intentos frustrados gracias a la intervención de sus vigilantes una turba de soldados logra sacarlo a la fuerza de la jaula en la que ha sido confinado: el Rey es torturado y asesinado brutalmente a golpes, y sus restos irreconocibles son parcialmente consumidos por los perros antes de que los capitanes del ejército consigan rescatarlos.
Aquella noticia fue un duro golpe para el general Antoine y el Príncipe Pierre, quienes confiaban en poder usar al Rey apresado como moneda de cambio para evitar la embestida de los ejércitos del Reino Sacro de Italia, cuya avanzada había sido divisada ya por los vigías borgoñones. Sin margen de maniobra para reaccionar, los dos líderes borgoñones dispusieron en posiciones defensivas a su ejército en la esperanza de poder repeler el ataque y ganar tiempo.


LA BATALLA POR MILÁN

"Los hombres aullaban y gritaban a lomos de sus monturas mientras avanzaban al galope hasta la línea formada por las compañías de lanceros borgoñonas. Al frente de la marea de guerreros Italianos cabalgaba, henchido de una euforia ancestral y agitando en remolino su espada curva, el propio Rey Vlad.
Sus Hermanos de Cabalgada reían como él, con los ojos desencajados abriéndose cada vez más a la vista de las parcialmente ordenadas filas enemigas. Una vez más, la Muerte y su hermana gemela, la Batalla, les llamaban con sus seductoras promesas de gloria y conquista, y a ellas acudían con los brazos abiertos y sus caballos entre las piernas.

Aunque se sabía superior, el plan de Vlad no se limitaba a cargar sin sentido a su enemigo; agitando su espada hacia la derecha, cuatro mil guerreros se desprendieron del grupo como si la ola hubiera roto contra una roca, lanzándose contra el flanco izquierdo borgoñón. Un conjunto de dos mil jinetes a caballo apareció tras las lomas del flanco derecho y lanzó andanada tras andanada al enemigo mientras acompañaban la carga de choque italiana. En el izquierdo, parte de la caballería de élite de Vlad se separó y cargó en tres ordenadas ondas contra el costado derecho de las defensas borgoñonas.

En el centro enemigo, a lomos de un enorme caballo de guerra, Vlad vio a un hombre pesadamente armado y con mallas y amplio escudo de rodela. Tras él, un lacayo portaba la bandera de Borgoña. El Rey de Italia no necesitaba saber más: lanzando un grito de alegría, arrastró a más de seis mil jinetes tras de sí, directamente hacia la bandera de rayas azules diagonales sobre fondo de oro y el hombre que se alzaba ante ella".


El Rey Vlad I de Italia cayó sobre las defensas de la región como un huracán. Los borgoñones no habían luchado contra los ejércitos de Vlad en la década pasada, cuando en forma de horda se había enfrentado contra una coalición de naciones compuesta por Venecia, Hungría, el Papado y el Sacro Imperio Romano Germano: la aparición de casi 14.000 jinetes los sobrecogió por completo. En aquel ejército no había ni un sólo soldado de infantería, y casi todos los jinetes combatían a caballo con la naturalidad con que un gallo clama al sol del amanecer. Muchos de ellos tenían equipamiento pesado, pero quienes realmente mostraron una eficacia aterradora para los civilizados hombres borgoñones eran los jinetes que, sin apenas armaduras –pues muchos de ellos combatieron con el pecho descubierto–, cubiertos por marcas hechas con restos de ceniza y tizón disparaban flechas con asombrosa puntería y lanzaban unas cortas lanzas que parecían buscar los cuerpos enemigos con ansia devoradora.

Pero los borgoñones eran hombres orgullosos, y siempre habían combatido y vencido a enemigos superiores; no se rendirían con facilidad. Dos días de combate continuado después, las tropas borgoñonas, aun cuando habían sido claramente derrotadas, se replegaban a su campamento negándose a retirarse. Tras aquellos dos días las bajas ascendían a casi cinco mil borgoñones, entre muertos, heridos y huidos, además del General Antoine quien había sido gravemente herido en el costado derecho tras un encontronazo con el mismo Rey de Italia. Por parte de los italianos, dos mil hombres desaparecidos o muertos y la baja del mismo Rey Vlad, quien en la noche del segundo día de combates había sido llevado a su tienda sangrando de múltiples heridas. De forma increíble, Borgoña había conseguido ganar tiempo.

Mientras en los lejanos territorios del Languedoc los emisarios del Rey francés animaban a la población y sus dirigentes a la rebelión armada contra el reino de Borgoña, en Milán se preparaba lo que parecía ser la batalla definitiva. Tras ordenar a duras penas una corta línea defensiva con los heridos y supervivientes de los primeros combates, el malherido General Antoine y el Príncipe Pierre se prepararon para recibir el segundo ataque de los italianos. El Rey Vlad se encontraba demasiado débil como para marchar en primera línea de ataque, de modo que, a regañadientes, montó sobre su fiel caballo y dirigió a sus tropas desde retaguardia custodiado por una guardia de sus hermanos más fieles y veteranos. Sus órdenes habían sido claras: no quería combatir en una tercera ocasión, y no quería custodiar prisioneros pues nadie sabía cuánto podría durar la campaña.

En la mañana del tres de Agosto, los dos ejércitos chocaron de nuevo. La batalla apenas duró cuatro horas, transcurridas las cuales los campos de Milán quedaron cubiertos por los cuerpos y la sangre de todo el ejército borgoñón, de quien no quedó un alma en pie. Tanto Antoine como el Príncipe Pierre murieron en combate. Días después, tras realizarse el recuento de bajas, Vlad lloró amargamente al conocer la muerte definitiva de casi mil de sus hermanos de cabalgada. Unas pérdidas insignificantes, en cualquier caso, que permitían un tranquilo asedio a la ciudad amurallada de Milán en tanto los lentos ejércitos Pontificios llegaban a la región. El Cardenal Schellenberg aún tardaría casi un año en llegar, de modo que Vlad dispuso una guarnición alrededor de la ciudad en tanto permitió al resto de sus guerreros que campasen a sus anchas por el territorio de la región para tomar sus merecidos botines de guerra.
Las noticias de la guerra iniciada en Milán llegaron en Septiembre a la Capital, Lyons. El usurpador Rey Sebastián comenzó los preparativos de las defensas de la región de Lyonnais, a sabiendas de que, tal vez, las palabras no fueran suficiente arma para detener el ataque.


AÑOS DEL SEÑOR DE 1091 y 1092
FRANCIA ENTRA EN COMBATE

Los ejércitos franceses, a las órdenes del heredero al trono el Príncipe Louis, llegaron a la región borgoñona de Aquitania a principios de Abril del año del Señor de 1091. La región, independiente de Borgoña desde pocas semanas después de la Excomunión del Rey Jean Paul, cayó pronto en manos del invasor francés, quien acaba de ocupar todas las defensas y órganos de gobierno en Mayo. A sabiendas de que la gran lucha de Francia espera en Provence y la importante ciudad portuaria de Marsella, el Príncipe Louis deja una guarnición en la región y, tras aprovisionarse, ordenó la marcha hacia Provence, facilitada en extremo por la reciente incorporación a la corona francesa de las tierras del Languedoc.

Entre tanto, una larga linea de soldados y material de asedio que se pierde por el horizonte es avistada desde las murallas de Milano en la mañana del cinco de Agosto, tras ser despertada la ciudad entera por los alaridos de alegría acompañados del bramar de cuernos de toro y golpes de tambor llegados desde las filas Italianas. El ejército del Papa había llegado a la región ocupada de Milán.

Con el Cardenal Shellenberg al frente de un ejército compuesto por casi 16.000 almas, en su mayor parte tropas de infantería e ingenieros, las filas de soldados pontificios se distinguían extrañamente tanto de los soldados Italianos como de los Borgoñones por sus curiosos atuendos: soldados, caballos y auxiliares iban cubiertos hasta en sus armaduras por unos sobrevestes de telas, todas ellas del mismo corte y colores, como si fueran uniformados para hacer la guerra. Aunque los italianos ya habían visto a aquellos fantasmas vestidos de negro y con la cruz latina de color carmesí en el pecho, para los habitantes de la ciudad la aparición de los hombres del Papa resultó ser toda una sorpresa.
Las tropas de Schellenberg iniciaron de inmediato los largos preparativos para la toma de la ciudad. Durante meses, los seis mil ingenieros y varios miles de auxiliares montaron con paciente destreza innumerables máquinas de guerra y todo tipo de material de asalto, talando para ello bosques y vaciando pozos en varios kilómetros a la redonda alrededor de Milano. Pese a encontrarse aún débil a causa de las heridas sufridas un año atrás, el Rey Vlad no consintió que el Cardenal Schellenberg dirigiera el asalto a la ciudad, aun cuando lo mantuvo cerca de sí para poder aprovechar sus conocimientos en materia de Sitios. Jürgen, sabedor de que el Rey no deseaba mostrar debilidad ante sus hombres, consintió su subordinación sin una sola queja: lo único que importaba ahora era la toma de Milano y la rendición de Borgoña.


LA TOMA DE MILANO
(1092)



El asedio real a la importante ciudad de Milano no comenzaría hasta el veinte de febrero del año del Señor de 1092, con el bombardeo de piedras sobre las murallas de la ciudad, y se mantuvo en aquel estado durante más de un mes. A partir de Marzo, los bombardeos se alternaron con intentos de asalto de creciente intensidad emprendidos por las tropas Pontificias, mientras el enorme ejército del Reino Sacro de Italia permanecía a la expectativa por si era necesaria su intervención.
A finales de Marzo, las tropas borgoñonas se retiraron hasta la fortaleza y los palacios del centro de la ciudad, y los hombres del Cardenal Schellenberg penetraron al fin en el círculo amurallado. El siete de Abril, apenas tres meses después de iniciarse el asedio, el último de los líderes militares borgoñones se rinde ante el Cardenal cediendo el control de la ciudad al representante del Papa. Por fortuna para los habitantes de Milano, la ciudad no sufrió el acostumbrado saqueo por parte del ejército victorioso.

El quince de Mayo del año del Señor de 1092, los ejércitos del Reino Sacro de Italia y del Pontificado Romano abandonaron Milano tras dejar defendida y asegurada la ciudad. Manteniendo el ritmo de avance de la infantería de Schellenberg se dirigieron con calma hacia Lyonnais, el corazón de Borgoña, a donde llegaron en Abril del año siguiente.

Entre tanto, el heredero al trono francés, el Príncipe Louis, dirigió en Junio del año del Señor de 1092 con gran éxito el ataque a la región costera de la Provence, que cayó en pocos días sin apenas presentar resistencia. Los ejércitos franceses se sitúan en las inmediaciones de Marsella, preparándose para el asedio, mientras contemplan satisfechos la enorme flota Veneciana que bloquea por completo el puerto de la ciudad. Nadie podrá aprovisionar Marsella en tanto dure el ataque.
El asedio comienza en Agosto del mismo año, y pronto se hacen evidentes dos cosas: que la ciudad no se rendirá fácilmente, y que tal vez los ejércitos franceses no sean lo suficientemente grandes como para completar el tipo de asedio tranquilo que pretende llevar a cabo el Príncipe Louis.

En el invierno del año del Señor de 1092 el Rey Sebastián de Borgoña comienza a creer que habrá de rendir su país o luchar hasta la destrucción.


AÑO DEL SEÑOR DE 1093
LA TRAGEDIA DE MARSELLA
"Los hombres vagan por el campamento con la mirada perdida. Están agotados, lo sé. Lo sé, porque yo también lo estoy.
Veo a la luz de la luna cómo dos camillas transportan el cuerpo mutilado de otro de mis capitanes; las salidas nocturnas de los perros borgoñones son cada vez más numerosas, cada vez más destructivas. Tengo un ejército a mis órdenes, el más orgulloso y capaz del mundo, y soy incapaz de mantener el cerco sobre esta apestosa ciudad que hiede a pescado y mar.

Y no puedo atacar.

Entro dentro de la tienda, aturdido por el calor. Hace apenas dos días que ha llegado ese Cardenal polaco. Esteban, creo que se llama. Esteban no sé qué. Ah, sí... Vladkov. Oh, Dios... estoy agotado. Estoy tan agotado...
El Cardenal ha llegado con un pequeño ejército de mercenarios; casi tres mil soldados de infantería pesada, otros ochocientos jinetes bien equipados y más de mil ingenieros. Parece ser que se los ha quitado al Hâjib Cordobés. El muy hijo de cien furcias polacas, ¿cómo lo habrá hecho...? De todos modos, aunque el polaco se ha puesto incondicionalmente a mis órdenes seguimos siendo demasiado pocos como para iniciar un asedio en condiciones.
Llevo meses esperando a que mueran de hambre, pero no sé cómo siguen consiguiendo comida. Se ríen desde las murallas; el otro día nos tiraron aquellas frutas... Llevo meses esperando a que mueran de sed, pero aunque he logrado desviar a duras penas el curso del río para que no entre en la ciudad, los muy perros tienen agua de sobra que les llega a través de esos afluentes subterráneos que hasta ahora utilizaban para evacuar porquería. Soy un guerrero, joder. Quiero una batalla.
¿Cómo hacerlo?
¿Cómo?

–Mi Señor...–ahí está otra vez Jacques. El hombre más fúnebre que conozco. Una nueva mala noticia, supongo–. Los representantes Venecianos aseguran que nada ni nadie ha traspasado su bloqueo desde hace casi dos años. La comida...
–No me lo digas, General. Nos la roban a nosotros.
–Sí. Me temo que sí...

Enfurezco. Lo siento. Noto cómo las uñas de los dedos se clavan en la carne de mis palmas, cómo los tendones se tensan y amenazan quebrarse. Soy el hijo de Louis VI, maldita sea mi vida. Soy el heredero al trono. Veo cómo entra el Cardenal; ese hijo de puta no se quita la sotana ni para cagar. Si no fuera por sus mercenarios lo mandaría a Polonia de una patada. Malditos borgoñones... Malditos todos ellos.

–Mi Señor –dice de nuevo Jacques–, aguardo vuestras órde...
–Envenenad el agua de los ríos subterráneos –es mi voz. Me asusta.
–¿Cómo decís? –El Cardenal se ha puesto de pie de un salto. Habla francés mejor que yo–. Mi Príncipe, no podéis ordenar que...
–Aquí mando yo, joder. He dicho que envenenéis la puta agua de los putos ríos subterráneos. ¿No había mandado mi padre, el Rey, a unos jodidos agitadores especializados hasta Provence?
–Sí, mi Señor. –Vaya. A Jacques le brillan los ojos. Y acaba de sonreír, no me lo puedo creer...–. A sus órdenes, Alteza. Así se hará.

Los hombres salen de mi tienda. Oigo voces y gritos.
Estoy cansado, pero creo que esta noche voy a dormir.
Al fin me siento bien."



En Abril del año del Señor de 1093, las tropas conjuntas del Rey Vlad de Italia y el Cardenal Jürgen Schellenberg llegaron al fin hasta Lyonnais. Los ejércitos borgoñones aguardaban a pocos kilómetros de la capital en perfecto orden defensivo, pero en conjunto apenas sumaban algo más de 5000 hombres, frente a los más de 25.000 del ejército enemigo, que además estaba mejor pertrechado y compensado en sus diferentes armas.
Pese a las terribles heridas que le habían hecho perder un brazo, el Rey Vlad dirigió la breve batalla de Lyonnais personalmente. Apenas medio día después de iniciado el combate el ejército borgoñón era exterminado casi por completo, aunque el Rey Sebastián logró huir hacia la Capital Lyons junto a unos pocos cientos de soldados en retirada. Tres meses después, el diecisiete de Julio, la línea defensiva de fortalezas, torres defensivas y fuertes desplegados por toda la región cayeron tras los asedios continuados realizados por la gigantesca maquinaria de asalto del ejército Pontificio. La región de Lyonnais, una vez desarticuladas sus defensas, fue tomada por los ejércitos invasores; mientras los hombres del Reino de Italia saqueaban la región tomando lo que consideraban que les pertenecía por derecho de conquista, las fuerzas Pontificias comenzaban a desplegar su maquinaria de asedio alrededor del último de los objetivos: la capital, Lyons. Schellenberg sabía que si Lyons caía, al Rey borgoñón sólo le quedaría la rendición si quería salvar su nación de la desaparición y la destrucción absoluta.

Al mismo tiempo, una tragedia se desencadenaba a muchos kilómetros de allí, en la portuaria ciudad de Marsella asediada por los ejércitos franceses auxiliados por una compañía mercenaria. Tras comprobar que el asedio se prolongaba mucho más de lo tolerable y que los recursos marselleses parecían no agotarse con el correr de los meses, el Príncipe Louis ordenó que se envenenase el agua que llegaba a la ciudad a través de corrientes subterráneas.
El primer día en que el veneno surtió efecto murieron cuarenta personas, sobre todo niños, ancianos y enfermos. Durante toda aquella semana, las muertes ascendieron a más de doscientas, entre civiles y soldados. El 23 de Julio del año del Señor de 1093, las angustiadas fuerzas defensivas de Marsella abrían sus puertas al ejército invasor cediendo al fin el control de la ciudad; los cientos de muertos, unidos al terrible calor de Julio de aquellos días, hacían irrespirable el aire. Los cadáveres fueron amontonados en la plaza mayor y quemados junto a los cuerpos vivos de gran parte de los últimos soldados defensores.


AÑO DEL SEÑOR DE 1094
¿EL FINAL DE UNA GUERRA?

Las tropas del Sacro Reino de Italia se unieron al asedio de Lyons a lo largo de los últimos meses del año del Señor de 1093, y poco después de iniciado el año llegaron a la región los mercenarios del Cardenal Vladkov. Entre tanto, y durante un largo medio año, los hombres de Schellenberg habían planteado un asedio muy diferente al de Milano, dándose prioridad al desgaste moral antes que a la ofensiva bélica. Con un círculo perfectamente cerrado, las provisiones agotadas y ante la evidencia de que seguir resistiendo tan sólo acarrearía el mal definitivo para la ciudad y sus habitantes, el Rey Sebastián rindió incondicionalmente la ciudad el ocho de Mayo del año del Señor de 1094. Los funcionarios del estado borgoñón y los líderes civiles y militares fueron hechos prisioneros por el Ejército Pontificio.

El Cardenal Schellenberg permitió que el Rey Sebastián marchara junto a su familia hasta la región de Burgundy, donde el reino de Borgoña aún conservaba unas pocas unidades de milicia: la guerra con Borgoña había acabado, y las posesiones de la Iglesia amenazadas por Jean Paul estaban a salvo y en manos de los católicos, así que el Cardenal dejó que el nuevo Rey se retirase con dignidad emplazándolo a cerrar la paz definitiva en los próximos meses para evitar nuevas acciones de guerra.

Tras la caída de Lyons los ejércitos del Reino Sacro de Italia se replegaron de regreso a casa, y el Cardenal Schellenberg decretó el establecimiento de un protectorado Católico temporal en las regiones de Lyonnais y Milán, así como en las ciudades de Milano y Lyons. En tanto no se firmara la paz definitiva y se decidiera el destino de los territorios recién conquistados, la Iglesia Católica velaría por que ninguna nación tratara de apropiarse de aquellas regiones azotadas por la guerra (ver NF del Papado).

A finales del año del Señor de 1094, las regiones de Aquitania, el Languedoc y la Provence –así como la ciudad de Marsella– habían sido tomadas y ocupadas por los ejércitos franceses, mientras que las regiones de Milán y Lyonnais, y las ciudades de Milano y Lyons, se encontraban bajo la vigilancia de los ejércitos Pontificios. El nuevo Rey Sebastián de Borgoña gobernaba sin recursos y con apenas soldados un territorio compuesto por las regiones de Orleans y Burgundy, más la ciudad de Vermon. Se avecinaban tiempos difíciles para el antaño orgulloso reino de Borgoña, quien en tanto su Rey no firmara la capitulación seguía técnicamente en guerra con Francia, el Pontificado Católico Romano y el Sacro Reino de Italia.
« Última modificación: 20 de Julio de 2006, 01:14:10 pm por Uve »
?En Italia, durante 30 a?os de dominaci?n de los Borgia, hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel ?ngel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor, fraternidad y 500 a?os de democracia y paz ?Y qu? nos ofrecieron? El reloj de cuco?.

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eneas

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Re: Newfax Turno 18 (1090-1094)
« Respuesta #4 en: 20 de Julio de 2006, 03:52:56 pm »
Pontificado Cristiano Romano
(Cristiano Romano Civilizado Primacia)
Regente Roberto Fuster
Diplomacia:

Hic, Saeveri tercii (anno domini MXIV-MXCIV)corpus, unionis christianae patris, fidei defensoris, Ecclesiae primi episcopi , requiescit. Hujus memoria futuras progenies feliciter inspirat. Requiescat in pace.

Los acontecimientos de los últimos años, habían obligado a la iglesia, ha adoptar un papel mucho mas militar del que durante años había tenido.

Cientos de hombres fueron reclutados para unirse a los santos ejércitos pontificales, y gran parte de los fondos eclesiásticos fueron destinados a reclutar a los mejores expertos en técnicas de asedio que el dinero podía comprar.

En 1.090 los Hijos de la Sangre de Cristo contaban con un enorme ejército con más de 6.000 soldados especializados en las técnicas de asedio, y aunque no tuviesen tiempo de adquirir experiencia con los métodos recientemente desarrollados por la iglesia, constituían quizás el más temible ejército de asedio que jamás se hubiese visto.

Todos estos guerreros, uniformados con el sobreste negro y la cruz escarlata que denotaba su pertenencia al sagrado ejercito de Roma, fueron puestos bajo el mando del leal Jürgen, que esta vez se vería acompañado de Roberto Fuster, mano derecha de Severo III, y aquel sobre quien los ojos caían para ocupar el puesto del papa cuando este dejase el mundo de los mortales.

Nada se dejaría al azar para acabar con el apostata borgoñés. La iglesia había incluso puesto en manos del cardenal Vladkov la misión de contratar a los mercenarios de Lyons, misión que el cardenal realizaría con éxito, contratándolos en Balansiyya antes de que los cordobeses se diesen cuenta.

El hacha del verdugo se alzaba sobre el desprevenido reino de Borgoña, y la señal acordada para orquestar toda esta maquinaria no fue otra que la excomunión pública que el propio Severo III celebro desde la santa ciudad de Roma. La influencia del papado en el reino, estaba demasiado arraigada, y pese a que el carismático Jean Paúl logro que el populacho en general se mantuviese neutral, no ocurrió lo mismo con los pares del reino, ansioso de aprovechar la presente para usurpar el trono y congraciarse con la iglesia. (Ver NF Borgoña).

Pero Borgoña no era sino una mota de polvo en el mapa, para los planes de Severo. Y su atención pese a la ofensa que suponía para el la actitud de aquel reyezuelo, pronto se desvió a los asuntos que de verdad importaban, desatendiendo incluso las noticias del éxito de los misioneros mandados a Halland y Carpathia.

Obsesionado con las maquinaciones que a su juicio tramaban los moros para debilitar a los cristianos, Severo encamino una vez más sus esfuerzos a la unidad del cristianismo. Los libros y cánones se habían reescrito en los últimos años, los dogmas de la iglesia habían variado para acercarse a los de sus hermanos ortodoxos, y nadie en toda la iglesia hacia distinción alguno entre los clérigos de una u otra rama.

Los esfuerzos de la iglesia no habían sido todo lo prolongados que hubiera cabido esperar, pero si habían sido titánicos. La mayoría de los recursos tanto materiales como humanos se habían empleado en este proyecto que, de lograrse, constituiría un punto de inflexión en la historia de Europa.

Durante los años de 1091 y 1092, mientras la situación en el resto de Europa, y especialmente en Borgoña evolucionaba según lo previsto, los esfuerzos de la iglesia se redoblaron, miles de clérigos viajaron desde Roma hasta las lejanas estepas de Kiev, o las ricas y avanzadas tierras de Bizancio, e incluso hasta las lejanas tierras de Armenia.

Todo este acercamiento, dio sus frutos cuando en 1093 se celebro el gran concilio de Roma, donde los representantes de ambas iglesias acudieron para debatir el nombre que habría de definir a todos los cristianos europeos. Los patriarcas de Kiev, Constantinopla, Adrianople, entre otros muchos, junto con los cardenales de todo el catolicismo se reunieron durante una semana en Roma, pues la asistencia de Severo era necesaria, y a su edad, ya no podía viajar como cuando era mas joven.

Tras una semana de debates encendidos, se acordó finalmente un nombre que agrado a todos. Cristianismo Romano. Pronto los distintos patriarcas que a partir de ese día serian conocidos como Cardenales, regresaron a sus iglesias para diseminar la palabra de que ya no habría mas ortodoxos ni mas católicos, sino tan solo cristianos.

Pero la unión no fue tan solo nominal, sino a todos los efectos una unión de hecho. Y aunque aun quedara un largo camino por recorrer, estableciendo y unificando iglesias y otros lugares santos por los antiguos territorios ortodoxos, poco a poco se imponía en toda Europa la creencia de que todos eran hermanos, y las susceptibilidades, aisladas y de poca importancia, ya se irían limando con los años.

Este fue el regalo de Severo III a Europa, el regalo del papa a sus fieles. El ultimo regalo de Severo III al mundo.

El 13 de Noviembre de 1094 Severo III pereció en sus aposentos a la edad de ochenta años. Severo III fue enterrado en la cripta de San Pedro, y en su lapida se inscribió en latín el siguiente epitafio:

“Aquí descansan los restos mortales de Severo III, 1014 – 1094. Padre de la unión cristiana, defensor de la fe, Primer Obispo de la iglesia. Sirva su memoria para inspirar a las futuras generaciones. Descanse en paz.”

La muerte de tan gran hombre fue llorada durante semanas en toda la cristiandad. El mas grande de los hombres había dejado el mundo de los mortales para reunirse con el creador, pero dejaba tras de si un poderoso legado. Y como suele ocurrir en estos casos las opiniones sobre la sucesión estaban divididas.

Si Roberto Fuster era el candidato mas claro que la iglesia católica había tenido para suceder a Severo, la iglesia cristiana tenia dos candidatos. Junto al Cardenal Fuster, se encontraba el Cardenal Andrius, Cardenal de Constantinopla.

Tras varias semanas de deliberar, Roberto Fuster opto por la única opción lógica, y convoco oficialmente un concilio. Los cardenales de toda Europa habrían de reunirse en la primera semana de Enero, para que el año de 1.095 se iniciase con un nuevo Papa, fortalecido por la aceptación de todos los pueblos cristianos.


Agradecimiento especial a Snowhite por su ayuda con el latin ;)
« Última modificación: 20 de Julio de 2006, 03:55:16 pm por eneas »
"Supongo que había que inventar las camas de agua. Ofrecen la posibilidad de beber algo a media noche sin peligro de pisar al gato."

Gm en Lote53

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Re: Newfax Turno 18 (1090-1094)
« Respuesta #5 en: 21 de Julio de 2006, 11:37:41 am »
Reino de Xi Xia
(Budismo Civilizado Nación Abierta)
Xixia Chongzong, Li Ch'ien-shun
Diplomacia:

En Abril del año 1084, un joven guerrero de noble procedencia llamado Tson Hu había logrado despertar encendidos apoyos entre el gobierno ciudadano de la ciudad de Kan-Chou, en la región de Suzhou situada al sudoeste de la nación. Ayudado de su gran carisma entre el populacho, convenció a sus conciudadanos de que el gobierno central del país maltrataba y ninguneaba a los pobres y a los de procedencia humilde, y les demostró, al cabo de casi diez años de éxito en su revuelta, que una ciudad podía ser dirigida por lo que llamó El Comité de Hombres Sabios.
Las constantes amenazas que el despertar de las hordas de salvajes del norte había traído al reino habían impedido que el rey Xixia Chongzong se ocupara adecuadamente de aquellos desvergonzados rebeldes. Pero la situación había cambiado; tras ordenar a parte del ejército que defendiera hasta la última gota de su sangre las fronteras del Este al mando del General Zhou Enlai, y disponer la ocupación de la región de Yun a manos de Lou Zhushu (quien murió poco después de tomar el mando, en Enero de 1090) y Lin Tsai, el Rey delegó el mando del ejército del oeste al General Peng Tao. La región de Yun fue ocupada, como se había previsto, aunque no del modo esperado (ver NF de Liao).

Pero la ciudad de Kan-Chou era un hueso aún mucho más duro de roer.

Cuando el general Peng Tao llegó a la región en Septiembre de 1090, ordenó el asalto inmediato de las miserables murallas de aquella miserable ciudad gobernada por miserables menesterosos. Algunos miembros de su cuerpo de Oficiales le aconsejaron iniciar un tranquilo asedio a la ciudad, largo en duración pero a la larga igualmente efectivo y mucho menos sangriento para el ejército de Xixia. A fin de cuentas la desigualdad de tropas parecía evidente, pues el General contaba con casi 4.000 soldados de infantería con equipamiento ligero, más el apoyo de unos 2.000 jinetes y el insustituible concurso de casi 1000 ingenieros; el rebelde Tson Hu apenas disponía de unos pocos soldados inexpertos, quizá un millar, y de otro millar de soldados de infantería ligera. Pero un asalto violento contra una posición defendida parecía requerir la presencia de un ejército invasor de mayor calado: las murallas, cuando estás tratando de ascenderlas por la parte de fuera mientras te llueve aceite hirviendo y flechas o piedras, se demuestran mucho más altas y escarpadas de lo que hubieran parecido desde la lejanía. Pero el General Peng Tao no estaba allí para perder el tiempo, sino para vencer la resistencia de la ciudad y colgar de sus almenas los cuerpos de los líderes rebeldes y de su absurdo consejo de gobierno ciudadano.

El ataque comenzó el diecinueve de Septiembre de 1090, y duró casi un día de oleadas continuas por parte de los asaltantes. Peng Tao, desde los pies de las murallas, vio como oleada tras oleada era consumida por los pocos defensores con una rapidez pasmosa, y en el anochecer se descubrió a sí mismo huyendo junto al resto de su desorganizado ejército de asalto hasta las montañas cercanas.
Tras reagruparse durante el invierno, el General descubrió aterrado que había perdido más de mil soldados, entre infantería y jinetes, a cambio de las dos docenas de hombres malheridos de los defensores de Kan-Chou. La derrota había sido tan terrible que el General barajó la posibilidad del suicidio; sólo lo detuvo el hecho de que disponía aún de tiempo, y que su ejército siguiera siendo muy superior al de los defensores. Así que en Mayo del año 1091 tomó de nuevo las riendas del problema y marchó sobre la ciudad... para descubrir a sus faldas un panorama aterrador: el rebelde Tson Hu había ordenado clavar las cabezas de los atacantes en altas estacas que bordeaban el círculo amurallado como advertencia al Rey Xixia Chonzong de lo que aguardaba a quien volviera acercarse a hacer la guerra a la ciudad libre de Kan-Chou. El General Peng Tao, absolutamente desmoralizado, rechazó las sugerencias de sus consejeros –que pedían incansablemente que iniciara un asedio en toda regla para ahogar a la ciudad y dejarla sin recursos– y situó el campamento del ejército a distancia segura de las murallas. Allí, en la soledad de su amargura, dejó transcurrir los años sin mover un solo dedo en contra de Kan-Chou.

Para desgracia de la nación, aquel asalto fallido iba a convertirse en un icono entre los pobres y desfavorecidos, entre quienes no pertenecían a la nobleza y siempre habían visto con odio los abusos de los poderosos. Un germen peligroso comenzó a crecer en el espíritu oculto del reino de Xixia. Y estalló poco después.

Xixia Chongzong, aún joven, murió inesperadamente en Noviembre de 1093. A su muerte, el joven heredero Jen Tsung apenas contaba con once años de edad, por lo que tomó posesión del trono pero no sin nombrar previamente a su madre Gong Li regente del reino hasta su madurez. Pero para ese entonces la situación interna de la nación ya se bamboleaba claramente sobre muy finas columnas. La frase "Recuerda Kan-Chou" se murmuraba entre susurros en los mercados de todos los pueblos y ciudades, y grupos armados de ciudadanos comenzaron a exigir la constitución de un consejo de gobierno compuesto por representantes del pueblo, al modo de Kan-Chou y su "Comité de Hombres Sabios".

En circunstancias normales, la situación se hubiera resuelto de forma violenta cuando los ejércitos y la milicia actuaran en contra de los rebeldes. Un rey firme tomaría al toro por los cuernos y erradicaría la revuelta descabezando a los agitadores, o emplearía recursos del tesoro para sobornar a los líderes regionales. Un rey con recursos no hubiera llorado durante tres largos días, como hizo la viuda del Rey muerto y regente del Rey nuevo. Un rey de verdad no habría pedido clemencia a los representantes del pueblo. Un Rey jamás hubiera firmado documentos que autorizaban a la creación del Gobierno Ciudadano de Hombres Sabios de Xixia, que autorizaban la vigilancia de las decisiones del Rey por parte del nuevo comité, o que evitaban que el Rey pudiera en el futuro dictar leyes sin consenso previo con aquel Gobierno surgido de la plebe.

La viuda de Xixia hizo todo aquello en un solo día. El cuatro de Enero de 1094, el nuevo gobierno del Reino de XiXia tomaba posesión de los palacios gubernamentales y se instalaba en la administración y el resto de estamentos oficiales y de justicia. El amanecer para una nueva era, sin duda.
« Última modificación: 24 de Julio de 2006, 04:38:51 pm por Uve »
?En Italia, durante 30 a?os de dominaci?n de los Borgia, hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel ?ngel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor, fraternidad y 500 a?os de democracia y paz ?Y qu? nos ofrecieron? El reloj de cuco?.

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Re: Newfax Turno 18 (1090-1094)
« Respuesta #6 en: 24 de Julio de 2006, 10:12:59 am »
Dai Viet
(Budismo Chino Civilizado Nación Abierta)
Chea Sim, Rey de Dai Viet.
Diplomacia:

Ser pequeño y en apariencia débil es desastroso en un mundo tan violento y rapaz como aquél en que vivía la nación de Dai Viet en el año de 1090. Habían sido atacados o amenazados por casi todos sus vecinos en un momento u otro de la historia en los últimos cien años, todos ellos nublados de avaricia bajo la expectativa de poder aprovecharse de aquel reino pequeño y en apariencia débil. El gran Chea Sim sabía que su nación despertaba aquellas ansias de conquista en los vecinos, vivía con ello cada día y soñaba con ello cada noche. Y, sin dejar de ser pequeño y en apariencia débil, había preparado a su nación poco a poco y en el mayor de los silencios para poder hacer frente a la siguiente agresión, a sabiendas de que llegaría antes que después.

La mayor parte del dinero del tesoro del reino de Dai Viet se destinó de nuevo a las inversiones en defensa. Todo el oro era poco para las grandes inyecciones que las diferentes armas del ejército necesitaban para mantenerlo alerta y en buenas condiciones, y los recursos del país apenas llegaban para el levantamiento de los numerosos fuertes y atalayas que se construyeron en Dai Viet en aquellos tiempos.

La flota de ataque del Capitán Vo Van Kiet se dedicó durante los años de 1090 y 1091 a saquear sin piedad las costas de Sarawak, Saban y Hainan; se negaba a compartir el menor porcentaje de lo saqueado con sus hombres, pues sabía que el tesoro real necesitaría hasta la última piedra preciosa para destinarla a las defensas fronterizas. A duras penas logró contener una gran rebelión a bordo que podría haberle costado el control de la flota, pero la fortuna y el Buda decidieron iluminarlo, protegiendo el botín hasta el retorno a casa. Con aquel dinero pudieron completarse las defensas de la crucial región de Dai Viet, fortalezas, atalayas, fuertes y ejércitos en manos del formidable heredero al trono, el amado Príncipe Ieng Moul, en tanto el propio Rey Chea Sim se replegaba a la capital para tomar el control de las defensas de la ciudad.

Entre tanto, y en una misión desesperada de la que dependían muchas cosas, el general Ung Hout partió hasta Laos con la intención de hacerse con las simpatías y la cooperación de los nobles y guerreros de la región; cediendo grandes parcelas en lo referido al autogobierno y con promesas de fuertes inversiones, logró que Laos se autoproclamara feudal del reino de Dai Viet, y en Agosto del año de 1091 convenció a Shen Lei, Gran Señor de Laos y Guerrero Amado del Amanecer, para que acudiera al mando de su ejército para participar en la defensa de Dai Viet.

Porque a mediados del año de 1091, el Rey Chea Sim ya no temía una invasión por parte de alguno de sus vecinos, sino que sabía a plena conciencia que iba a producirse.

Y que, esta vez, el enemigo iba a ser formidable. (Ver NF de Kerait)
?En Italia, durante 30 a?os de dominaci?n de los Borgia, hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel ?ngel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor, fraternidad y 500 a?os de democracia y paz ?Y qu? nos ofrecieron? El reloj de cuco?.

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Re: Newfax Turno 18 (1090-1094)
« Respuesta #7 en: 24 de Julio de 2006, 10:21:08 am »
Khanato de Kerait
(Cristianismo Nestoriano Nómada Nación Abierta)
Soloiew Khan "El que Cabalga la Desgracia", Gran Khan de Kerait, Señor de las Estepas.
Diplomacia: Manchou (NT)

"Con la primera luz del alba despuntando tras las montañas, los soldados del ejército comandado por el gran Príncipe heredero al trono, el Amado Ieng Moul, comenzaron a estremecerse al atisbar la gran sombra que se movía a lo lejos, una marea de hombres y caballos acompañada por una nube de polvo que apenas daba la medida de las inmensas proporciones del gran ejército de la horda de Kerait que entraba ya en la región principal de Dai Viet.

El ejército de Ieng Moul, compuesto en su mayor parte por la caballería del reino y las tropas aportadas por su aliado Shen Lei, Gran Señor de Laos, era el mayor que jamás había poseído el pequeño país: compuesto por unos 15.000 hombres, tanto el Príncipe Ieng Moul como sus consejeros y allegados confiaban en que el mejor conocimiento del terreno y las muchas defensas levantadas en la región ayudarían a tan gran ejército a enfrentarse a aquella ola inmensa de bárbaros llegados del norte.

Pero cuando la luz iluminó lo suficiente, el Príncipe Ieng Moul comprendió que lo que todos tenían por un gran ejército era en realidad de todo punto insignificante frente al enemigo que el amanecer comenzaba a mostrar al frente; supo entonces a qué se debía el perceptible temblor de la tierra, el agitarse de las copas de los árboles y el murmullo constante y aterrador que castigaba sus oídos desde el principio de la noche anterior: a lo lejos, ya al alcance de una larga carga de su mejor caballería, las filas de la horda comenzaban a formar en un orden bastante vago pero no por ello menos estremecedor. Y los bárbaros eran muchos.

Demasiados.

Más de sesenta mil guerreros a caballo o a pie, una fuerza de combate superior en mucho a todas las más pesimistas estimaciones de los hombres de Dai Viet, enmudecieron a lo lejos cuando una pequeña figura comenzó a avanzar al trote a lo largo de la línea, probablemente lanzando consignas y enardeciendo los espíritus de los guerreros del norte. La pequeña figura corrió de derecha a izquierda y se detuvo allí, en la esquina del ejército enemigo. Entonces alzó una larga espada e inició el camino contrario al galope.
Y un inmenso grito surgió de todas las gargantas de los hombres de Kerait, al tiempo que los caballos eran espoleados hacia delante y la infantería se lanzaba al ataque a la carrera.

El Príncipe Ieng Moul empuñó el afilado sable de su padre, el Rey, y lo desenvainó lentamente. Lo levantó por encima de su cabeza, conteniendo el nerviosismo de su gran caballo de guerra, y dijo a voz en grito:

–Hombres de Dai Viet y Laos. ¡Es la hora! Por vuestras mujeres, por vuestros hijos y vuestros ancianos. Por la tierra. Nada más tengo que deciros. ¡Es nuestra hora! ¡¡Preparados!!"


Soloiew Khan había fijado su objetivo en el lejano reino de Dai Viet y las tierras más allá, y no estaba dispuesto a fracasar esta vez en su empeño. Sus guerreros estaban cansados de una campaña que comenzaba a ser demasiado larga y demasiado poco productiva, y las familias de emigrados de las estepas le rogaban que detuviera a la horda y permitese el asentamiento definitivo en algunas tierras fértiles del Sur. Soloiew deseaba lo mismo que sus hombres y sus familias, pero sabía que debería luchar para conseguirlo.

Aunque Soloiew Khan, quien Cabalga la Desgracia, había temido una traición por parte de los arteros dirigentes del Imperio Song, lo cierto es que la llegada de los guías que deberían acompañar a la horda a través del territorio del Imperio calmó en gran medida sus prevenciones. La llegada hasta las tierras de Bután fue rápida y tranquila, pese a que Liao no había cumplido sus promesas y finalmente no enviara guías en ayuda de Soloiew. El Khan odiaría a Liao por el resto de su vida. Muchos clamaron entonces por una acción ejemplar sobre aquellos miserables bastardos, pero Soloiew tenía marcado a fuego en su mente el objetivo final, y no estaba dispuesto a apartarse de él ni a dispersar esfuerzos o perder hombres hasta que fuera necesario. Por fortuna, Bután sí cumplió con sus compromisos y mandó una compañía de guías, facilitando así el tránsito de la horda hacia el Sur y calmando los ánimos de los hombres deseosos de venganza.

Para cuando llegó a Dai Viet, el Khan ya sabía que había sido nuevamente traicionado: en la fértil región de aquel pequeño país le esperaba un insignificante ejército compuesto por unos 15.000 hombres, casi todos a caballo. No era el tamaño del ejército lo que le preocupaba, ni tampoco las muchas defensas de la región. Lo que le preocupaba y enfurecía por igual era la evidencia de que todas aquellas pequeñas atalayas de vigilancia, o las torres defensivas y los fuertes de piedra habían sido levantados en los últimos meses: lo esperaban, sí. Pero los estaban esperando porque alguien, el diablo lo confundiera, había traicionado la confianza del Khan avisando a los sureños de su llegada.

Fue un momento crítico en la vida del que Cabalga la Desgracia. Soloiew Khan estuvo tentado entonces de dar la vuelta y picar espuelas sobre todos los países del norte que repetidamente lo habían engañado, conspirando para traicionarlo y evitar que el Khan condujera al fin a su nación nómada hasta el asentamiento pacífico que era la mayor de sus motivaciones. Lo habían tomado por un vulgar saqueador, cuando sólo pretendía proporcionar a su pueblo un futuro mejor... aquellos cobardes del norte, todos ellos, se merecían justo lo que habían temido: Kerait, más de 60.000 guerreros experimentados asolando nación tras nación por el puro placer de la destrucción y la muerte.

Pero no iba a hacerlo. Cumpliría con la misión divina que a sí mismo se había impuesto. Y para ello, debería pasar por encima de los 15.000 hombres de Dai Viet, quienes sin el menor respeto por sus vidas pretendían plantar cara a un ejército cuatro veces mayor y mucho mejor preparado.

Los combates fueron encarnizados y terribles. Los hombres de Kerait, hartos de viajes constantes y combates contra enemigos fantasmas que hacían un tipo de guerra en las sombras que no podían comprender, se lanzaron a la muerte con una alegría aterradora para los soldados de Dai Viet. Y aunque las filas de Dai Viet se mostraron disciplinadas y lucharon con gran efectividad, negándose a retirarse día tras día, semana tras seman, y las defensas activas de la región causaron grandes bajas al inmenso ejército invasor, parecía evidente que, aun perdiendo dos hombres por cada uno enemigo, Kerait acabaría imponiéndose por el simple peso de su abrumador ejército.

Hasta que Soloiew Khan, regresando hacia su campamento junto a una pequeña guardia que escoltaba al capturado Shen Lei, Señor de Laos, cayó en una emboscada y fue hecho prisionero. Shen Lei llegaba al campamento de Kerait maniatado... pero no era el líder del ejército defensor. La baja de Soloiew, en cambio, podía mostrarse definitiva.

Y así fue.

La misma noche de la captura de Soloiew Khan, aquél que Cabalga la Desgracia, el Khan de Kajar realizó una purga de enormes proporciones eliminando al resto de Khanes y hombres de confianza de Soloiew, y se proclamó Gran Khan con el apoyo de la mayor parte de las tropas. Pocos días después, tras un largo mes de combates, las tropas de Kerait se retiraban del campo de batalla con más de 10.000 bajas efectivas, dejando en la región a un embravecido y victorioso ejército defensor que, pese a perder a unos 5.000 hombres, había logrado derrotar a una inmensa fuerza de combate cuatro veces superior en número.
El futuro para los guerreros de Kerait y las familias que seguían a la horda como la cola de un cometa se mostraba de nuevo incierto. Nadie sabía cuáles serían los objetivos del nuevo Khan.

Ni hasta dónde los llevaría para cumplirlos.
« Última modificación: 24 de Julio de 2006, 11:52:51 am por Uve »
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Re: Newfax Turno 18 (1090-1094)
« Respuesta #8 en: 24 de Julio de 2006, 03:45:24 pm »
Imperio Song
(Budismo Chino Civilizado Nación Abierta)
Liu Fang,
Diplomacia: Chang’ang (F), Ho Chung (T), Tsainan (A), Shantung (A), Ning-kuo (T).



“Cuanto yo predico ha sido practicado ya por vuestros sabios.
Y esta práctica se reduce a tres reglas fundamentales de relaciones: relaciones entre soberanos y súbditos; relaciones entre padres e hijos y relaciones entre marido y mujer.
Y estas relaciones se han de honrar con el ejercicio de las cinco virtudes capitales de la humanidad, a saber: el amor a todos los hombres sin distinción; la justicia, que da a cada uno lo que le corresponde; la observancia de las ceremonias y de los ritos establecidos; la rectitud de ánimo y de corazón, que hace buscar en todas las cosas lo verdadero; y la sinceridad, esto es, el corazón franco, que excluye todo disimulo, en los hechos y en las palabras”.
K´ung-Fu-Tsé


Tao Chung no era un agitador de masas.
No creía en el levantamiento de los campesinos contra la autoridad, sino en purificar la autoridad desde dentro, desde las más íntimas entrañas de la estructura de gobierno. Tao Chung no pretendía transmitir las enseñanzas de Confucio, tan adulteradas con el paso de los años que resultaban irreconocibles en los libros, sino ponerlas en práctica y mostrar la virtud que hay dentro de los hombres. Tao Chung no trataba de ganar poder para enfrentarse al Emperador, sino conseguir devolver al Emperador todo el poder que los años y la degradación le habían robado.

Durante el año 1090, consiguió los apoyos de la mayor parte de la población de Tao Chung, y luego dedicó sus días a consagrarlos a su misión: viajó a Anhui, Tsainan, Hopei y, finalmente, Honan. El mismo corazón del Imperio. El lugar de donde brota la savia del Emperador.
En todos aquellos lugares alcanzó grandes éxitos, y no sólo entre la población campesina, agradecida de escuchar a aquel hombre que pedía no hacer al prójimo aquello que no desearas que el prójimo te hiciera a ti: uno de los mayores Generales del Imperio, el diestro Shu Xu, quien asistió a varias de sus apariciones públicas, pronto declaró en público su adhesión a la causa de Tao Chung y su palabra clave: Purificación.

La Luz Que Ilumina Al Mundo, el Emperador Liu Fang, invitó personalmente a Tao Chung a acompañarlo en Funiu para así poder hablarle de su visión acerca de la verdad del mundo. Pero el seguidor de lo que empezó a conocerse como Doctrina Pura de Confucio, con la mayor de las cortesías, rechazó la invitación explicando a los emisarios del Emperador que lo que su visión le ordenaba era servir a Liu Fang, y que sólo podía hacerlo en los caminos al igual que el Emperador sólo podía iluminar Al Mundo desde los salones del Palacio Imperial o al mando de los ejércitos. Sólo una frase transmitieron aquellos emisarios al Emperador, cuando éste quiso conocer las palabras de rechazo de Tao Chung: “El Soberano, debe ser Soberano; el súbdito, súbdito; el padre, padre; y el hijo, hijo”. El Emperador asintió con la cabeza en completo silencio.

Entre tanto, con los más de 25.000 esclavos capturados durante las campañas contra Kerait se emprendió la ejecución de innumerables obras civiles en la capital Kaifeng. Los cambios fueron tan importantes, que menos de cinco años después su aspecto y morfología había cambiado por completo. Además, siempre sin descuidar las inversiones en diversos campos militares, como el aumento evidente realizado en tácticas y equipamiento de Infantería y Caballería merced a los muchos expertos y artesanos enviados por Liao a cambio de esclavos, el Emperador decretó el levantamiento de innumerables fuertes y murallas defensivas en Funiu.
El gran ejercito de Song, bajo el mando de Liu Fang, permaneció atento al pacífico desplazamiento del Khanato de Kerait desde Funiu y hacia el sur. Por fortuna para todos, nada hubo de lamentarse durante aquel éxodo a lo largo de la columna vertebral del Imperio. Otros habrían de llorar lejos para asegurar la paz y la tranquilidad de los súbditos del Emperador (ver NF de Dai Viet).

Los grandes líderes del Imperio dedicaron sus esfuerzos a labores diplomáticas de un lado a otro de la gran nación. Sólo se encontraron dificultades en la ciudad de Ho Chung, cuando el Príncipe Hunz Swang, pretendiendo contraer matrimonio con la hija de un noble local enardeció los ánimos de un clan enemigo y estuvo a punto de resquebrajar el buen estado de relaciones entre la ciudad y el estado. El conflicto fue resuelto merced a la intervención del también Príncipe Sui Swang, quien apaciguó los ánimos y logró reconducir la situación. El resto de generales y príncipes alcanzó con mayor o menor medida el éxito en sus tareas, desde el General Gooza, quien contrató a los mercenarios de Ka-Yu-Kuan, hasta el gravemente enfermo de tuberculosis General Yuanyu, quien logró mejorar el grado de acuerdos con la región de Shantung justo antes de morir en Ying-Ch'ing a causa de su dolencia.
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Re: Newfax Turno 18 (1090-1094)
« Respuesta #9 en: 24 de Julio de 2006, 04:28:10 pm »
Reino de Liao
(Budismo Chino Civilizado Nación Abierta)
Yelu Yanxi,
Diplomacia: Manchou (FA), Harbin (FA), Bandao (FA), Shen-Hua-Cheng (A), Hsuing’nu (F) Liao-Tung (F).

El Rey Yelu, al mando del ejército desde Lu'an, decidió defender el corazón de su reino en tanto no finalizara el difícil proceso de recuperación tras los muchos conflictos pasados que lo habían debilitado hasta casi la desaparición. Para ello se reconstruyeron los tramos semiabandonados de la Gran Muralla, acondicionando el resto con el dinero y los esclavos enviados por Song como pago por la venta al poderoso vecino de parte de la superior tecnología de Liao.
Igualmente se trabajó mucho en cuanto a contactos diplomáticos con las regiones y ciudades cercanas con el fin de fortalecer las columnas del nuevo Liao y evitar que grietas futuras facilitasen un nuevo desmoronamiento. Tanto los esfuerzos continuados del Príncipe Feng en Bandao o Shen-Huan-Cheng, como los del gran General Shangu en Harbin y Manchou dieron buenos frutos. Además, tras la marcha del Khanato de Kerait de sus tierras, el General Li Keyong al mando de 2.000 de los mejores jinetes de Liao liberó las regiones de Hsuing’nu y Liao-Tung, con la inestimable ayuda del feudal Zu Shangu, Señor de Dading, y su ejército. La intervención de las tropas de Liao logró expulsar a los pocos habitantes de la estepa que se habían asentado ya en ambas provincias, devolviéndolas al cuerpo del Imperio.

Pero no todo iban a ser buenas noticias. El General Zhu When, Señor de Kin, había recibido la orden de tomar la provincia de Yun en el momento en que la temible horda de Kerait abandonase la región. Sin embargo, cuando el General apenas había recibido la noticia de que la horda se había ido de la zona los exploradores de su ejército avistaron tropas de Kerait avanzando sobre Kin, y Zhu When decidió quedarse esperando que la horda dejara por completo sus tierras, previsiblemente en paz.
Finalmente, las tropas de Zhu entraron en la región unos meses más tarde para descubrir con gran sorpresa que las tropas de Xi Xia estaban ocupando la región. Zhu When contactó de inmediato con el General Lin Tsai, quien le informó con la mayor de las descortesías de que Yun era ahora propiedad absoluta del reino de Xi Xia.

Lin Tsai contaba con un ejercito muy superior al de Zhu When, y trató al noble Señor de Kin de forma altanera y despectiva. Zhu agachó la cabeza e informó a su descortés interlocutor de que abandonaría para siempre la región, pero en su lugar se dirigió a marchas forzadas hacia la frontera. En Agosto un mes más tarde comenzó el ataque de Xi Xia sobre la región, y en ese mismo instante las tropas de Zhu When, aprovechando la sorpresa y su movilidad, atacaron al contingente de Xi Xia con el fin de vengar las afrentas cometidas por el General Lin Tsai a su señor.
Tras un mes de combates cerrados y muy sangrientos, ambos contendientes seguían alargando la encarnizada pelea. Las bajas eran muy numerosas en ambos bandos, y aun cuando en la relación de fuerzas el contingente de Xi Xia superaba en más de tres a uno al de su enemigo, la caballería de Zhu When equilibraba la balanza sobradamente.
La guerra de Yun se prolongó durante casi otro mes, y las escenas de vejaciones y humillaciones deshumanizadas se produjeron en intensidad creciente en uno y otro bando por toda la región. Sólo una casualidad, la muerte inesperada a causa de un enfriamiento del líder de las tropas de Liao, acabó con las hostilidades haciendo que en Septiembre de 1090 los hombres del fallecido Zhu When se retirasen.
Tras la retirada, el General Lin Tsai pudo al fin ocupar la región de Yun para Xi Xia, pero no se atrevió a iniciar el asedio de la ciudad de Huan llevado por el temor de que el enemigo decidiera regresar con más tropas. En el balance final las tropas de Zhu When, que sufrieron numerosas bajas durante su retirada hacia Kin, apenas perdieron unos mil guerreros, aunque todos ellos eran jinetes. Lin Tsai sufrió muchas más pérdidas, cercanas a los 2.000 muertos y desaparecidos. Sus insultos y comportamiento irrespetuoso le habían costado muy caros.

En el 1092, cuando la situación en palacio era muy tensa a causa del enfrentamiento inesperado en Yun con el vecino reino de Xi Xia, el rey Yelu murió por sorpresa dejando a un reino que apenas comenzaba a alzarse de nuevo prácticamente huérfano, con un sucesor al trono que apenas contaba con doce años de edad. Tal vez fuera el hecho de que el país se encontrara de nuevo en problemas diplomáticos con un reino vecino, o que la conmoción de la guerra de Yun era demasiado grande como para que nadie quisiera ponerse al mando de una nación tan gravemente amenazada desde tantos puntos distintos. O tal vez fuera la presencia y arrojo de aquel niño de doce años, quien al conocer la muerte del Rey Yelu apareció en el Salón del Trono empuñando una espada y escoltado por la Guardia Real. Quizá sus palabras al ser coronado: "Liao es de nuevo joven, pero tiene la experiencia de un anciano. Es una nación de nuevo fuerte, pero no irreflexiva. Es un reino que quiere crecer, pero que es tan grande en espíritu como siempre lo fue. Liao es todo ello: joven, pero fuerte y en crecimiento. Y yo Soy Liao".

Lo cierto es que nadie se reveló ante la extraña fuerza y determinación que desprendían los ojos de aquel joven muchacho. El tiempo se encargaría de darle o quitarle razón.
« Última modificación: 24 de Julio de 2006, 11:17:33 pm por Uve »
?En Italia, durante 30 a?os de dominaci?n de los Borgia, hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel ?ngel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor, fraternidad y 500 a?os de democracia y paz ?Y qu? nos ofrecieron? El reloj de cuco?.

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Re: Newfax Turno 18 (1090-1094)
« Respuesta #10 en: 25 de Julio de 2006, 10:10:57 am »
Emirato Buhwayida de Bagdad
(Mutahid Islam Civilizado Nación Abierta)
Umar, Emir y Protector de Bagdad
Diplomacia: Kuwait (+12Yfc).

"Baha al-Din dejó a su montura pastar libremente por aquel hermoso valle repleto de flores blancas y alta hierba mientras él se tendía en el suelo del atardecer para descansar. El segundo hijo del Príncipe Umar siempre había sido un alma inquieta; no tenía ninguna prisa, a sus 26 años era ya demasiado mayor como para seguir soltero, pero agradecía al Profeta que su padre aún no hubiera encontrado mujer digna para él, y rezaba al Señor de Universo cada día para que mantuviera iluminado el buen juicio del Príncipe Harun durante mucho tiempo. Porque a él lo que le gustaba era la soledad en contacto con la naturaleza, ascender montañas, atravesar lagos a nado, cazar y vivir de lo cazado. Y son cosas todas ellas que una mujer, si es competente en sus obligaciones, no ve con buenos ojos.

La gran región de Mesopotamia aguardaba a sus pies siempre dispuesta a revelar un nuevo paisaje de belleza incalculable. Culturas ancestrales habían morado allí desde tiempos inmemoriales, atraídas por la riqueza de su suelo y la benignidad de su clima, y los restos de su remota existencia podían verse por todas partes. Pero lo más grande que contenía la provincia corazón del emirato era su propia morfología, repleta de hermosos valles y lagos de profundo azul, campos verdes y amarillos donde la vista se perdía en el horizonte y ríos de agitadas aguas para enfriar el cuerpo y refrescar el alma.

De pronto, Baha al-Din despertó sobresaltado. Había anochecido, y aunque la luna llena iluminaba los campos con su majestuosidad fantasmal el príncipe no alcanzó a ver a su caballo por ningún lado. Sonriendo, avanzó hacia un bosquecillo cercano imaginando que su montura se habría adentrado en él para descansar, como acostumbraba a hacer.
El bosque resultaba oscuro y frío en la noche, y a Baha al-Din le costaba caminar sin tropezar con las raíces o resbalar sobre las piedras. Sin dejar de llamar a su caballo fue avanzando hacia el interior del bosque, perdiendo por completo el sentido de la orientación y sin darse cuenta de la extraña y uniforme disposición de los árboles más antiguos, diríase que situados ordenadamente por una mano imposible formando círculos concéntricos. Cuando al fin encontró a su montura, ésta caminaba con absoluta relajación sobre las rocas que eran todo el suelo de un pequeño claro abierto en el centro del bosque. Baha al-Din suspiró fingiendo malestar y, dando un paso hacia su montura mientras adelantaba una mano tranquilizadora, sintió cómo el suelo se hundía a sus pies y era arrastrado por un áspero túnel que hendió sus carnes hasta desembocar en una fría caverna cuyo suelo estaba formado por gruesas losas de piedra negra."


Noticias terribles atravesaron las fronteras de Edessa a inicios del año 1090, a lomos de los veloces corceles ligeros del correo Real bizantino: tras años de relativa tranquilidad, una nueva horda preparaba una gran invasión desde los territorios situados al norte del Caspio y el Mar Negro. Saraba era el nombre del Khanato, y Tukeban el de su líder. Desde el momento en que las noticias de la presencia de aquel gran peligro acechante al norte del Emirato, el Emir Umar supo que debería afrontarlo antes de que la marea en que podía convertirse la horda si se le permitía se llevara consigo todo cuanto de hermoso había en su mundo; no sería tan confiado como para permitir que los hombres de Tukeban escogieran un destino lejano al Emirato para sus depredaciones. Umar atacaría.

Con el fin de prevenir sorpresas llegadas del norte, no defendido por su aliado Bizantino, Umar ordenó la intensa fortificación de las provincias de Carhae, Arbiliq, Dilaya y Ahvaz, plagando aquellas regiones de fortalezas de avanzada y torres y atalayas de vigilancia. Aunque no todo el dinero destinado a mejorar las capacidades militares de Bagdad se invirtió en la defensa de los territorios, ya que miles de jinetes fueron reclutados en las tierras de la rica Mesopotamia, entrenado y equipados para completar el ala móvil del ejército del Emir.

Umar estaba decidido a comandar personalmente el gran contingente bagdadí, pero no podía hacerlo sin antes designar a su amado hijo, el Príncipe Harun, como heredero al trono del Emirato. Harun le había rogado que le ordenara dirigir a él a los hombres, pues la persona del Emir debía ponerse a salvo de todo peligro siempre que la situación lo permitiera; pero Umar sabía que debía afrontar aquel peligro a la cabeza de su ejército, pues tal era su responsabilidad, y tras la ceremonia en que Harun fue investido como nuevo Heredero montó en su caballo y partió hacia las fronteras del norte. (Ver NF de Bizancio)

Fueron años marcados por la incertidumbre; la salida del Emir y sus ejércitos, unida a los movimientos del resto de ejércitos del emirato a lo largo y ancho de las fronteras, la presencia aún lejana de aquella horda de bárbaros y a las inversiones constantes realizadas en mejoras e instalaciones militares perturbaron la calma habitual de los habitantes del emirato. Durante años, se había tratado de reformar nuevamente las esencias de la fe Mutahidí con la intención de predicar y promover la tolerancia del pueblo hacia la religión hindú; aunque los textos recogieron aquellas reformas en el corpus de la doctrina, lo cierto es que las gentes del emirato veían la presencia de todo lo extranjero como algo manifiestamente hostil a causa del temor que el nuevo enemigo había despertado en sus espíritus. Los esfuerzos y el tiempo empleado en aquellas reformas por parte de los líderes religiosos mutahidines se mostraron inútiles por completo.
Y aunque el hecho pasó prácticamente desapercibido lo cierto es que tan sólo dieron frutos, en todo aquello no referido a las cuestiones militares, las labores diplomáticas realizadas en Kuwait.

El gran golpe que convulsionó la ya inquieta alma del emirato llegó cuando se hizo pública a finales del año 1093 de la era vulgar la muerte del Emir Umar en el lejano norte, mientras perseguía al mando de su ejército a la gran Horda de Saraba por las estepas (Ver NF de Bizancio). Los lloros multiplicados en todas las ciudades, los hombres gritando de dolor en las mezquitas, las muestras de dolor físico de los fieles se prolongaron durante más de una semana, apenas atenuadas cuando Harun fue proclamado nuevo Emir de Bagdad sin encontrar una sola muestra de oposición entre los nobles del emirato. La transición fue tranquila, aunque terriblemente dolorosa, perturbada únicamente por el extraño descubrimiento realizado por el príncipe Baha al-Din en las llanuras de Mesopotamia: oculto en unas ruinas subterráneas encontró un enorme ídolo de oro macizo del dios solar de los cananeos, Baal; el hallazgo de la estatua, de más de tres metros de alto, convulsionó a varios dirigentes religiosos de las tres fes islámicas, quienes no veían en el brillante ídolo más que la presencia de la oscuridad más absoluta.
?En Italia, durante 30 a?os de dominaci?n de los Borgia, hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel ?ngel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor, fraternidad y 500 a?os de democracia y paz ?Y qu? nos ofrecieron? El reloj de cuco?.

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Re: Newfax Turno 18 (1090-1094)
« Respuesta #11 en: 25 de Julio de 2006, 01:20:22 pm »
Reino de Nan Zhao (Dali)
(Budismo Chino Civilizado Nación Abierta)
Hang Yen, Rey de Dali
Diplomacia:

El terror se adueñó de Dali por completo.

Profetas de la destrucción comenzaron a campar enfebrecidos por las calles, anunciando la llegada de los Mil Males cuando la gran horda de Gaochan cayese sobre la pequeña nación interior. La gente comenzó a acaparar alimentos y a poblar los templos, y los muchos movimientos del engrandecido ejército de Dali, junto al levantamiento acelerado de las defensas y la evidencia de que los generales y Príncipes preparaban a los contingentes del reino para la defensa, acabó de disparar la locura. Dalí cayó en el fundamentalismo religioso más profundo apenas unos meses antes de la horda de Gaochan cayera sobre el reino (ver NF de Gaochan).

?En Italia, durante 30 a?os de dominaci?n de los Borgia, hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel ?ngel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor, fraternidad y 500 a?os de democracia y paz ?Y qu? nos ofrecieron? El reloj de cuco?.

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Re: Newfax Turno 18 (1090-1094)
« Respuesta #12 en: 25 de Julio de 2006, 01:22:39 pm »
Khanato de Gaochan
(Budismo Chino Nómada Nación Abierta)
Kemal Khan, Señor de Gaochan.
Diplomacia:

"Kemal Khan caminaba meditabundo por entre las tiendas del gran campamento del Khanato de Gaochan en el atardecer de los inicios de febrero del año 1090.
Los últimos días habían resultado extraños. Uno de sus amigos personales le confesó que sospechaba que alguien pretendía levantar a las tropas en su contra, pero que, de haberlo, aún no había descubierto al responsable. Un sacerdote confucionista recogido en el lejano norte se acercó dos días atrás hasta su propia tienda para contar que había oído conspirar contra el gran Khan durante una celebración en la zona sur del campamento, y que pese a que todos los hombres involucrados eran de Gaochan, pondría sus manos en el fuego si al menos uno de ellos no tenía un acento extraño en la voz.
Y estaba el caso de Garkay, el herrero, a quien encontraron muerto con un cuchillo ensangrentado en la mano; nada raro en un campamento tan grande en el que se hacinaban varias decenas de miles de almas... a no ser porque Garkay era el herrero personal del Khan, quien que se encargaba de herrar los caballos de su cuadra y de mantener afiladas sus armas, y que además había sido muerto a pleno día, sin alcohol de por medio y sin descubrirse indicios de robo.

Kemal no era un hombre tonto, y olía por todas partes el ponzoñoso aroma del más traicionero de los peligros. Casi podía tocarlo, pensaba mientras veía jugar a un grupo de niños en el linde oeste del campamento, junto al río. Niños como lo había sido él, no tantos años atrás aunque al Khan le pareciera toda una...
El primer hombre salió de una tienda alejada al resto que Kemal no había visto. Corría hacia él, con un largo machete curvado en la mano y miraba hacia un costado... desde el que el Khan vio llegar a otros dos hombres armados de igual modo.

–¡¡A mí!! ¡¡A mí...!! –gritó mientras desenvainaba su daga y tomaba el hacha de combate con la mano derecha. Tal vez su vida estaba en venta. Pero de ser así, alto sería el precio que habrían de pagar aquellos asesinos si querían cobrarla".


El amotinamiento en Kienchou, donde se encontraba el campamento del Khanato, tuvo lugar apenas cuatro días después del intento fallido de asesinato que agentes extranjeros sin identificar habían realizado contra el propio Kemal Khan. Gracias a su destreza y voluntad, y la llegada de su guardia personal poco después de iniciado el golpe, Kemal había logrado sobrevivir con apenas unos rasguños sin importancia. Por desgracia, los asesinos habían muerto sin poder hablar acerca del pagador.
Pero el amotinamiento, fuera un acto hostil orquestado por una inteligencia enemiga o producto del hastío, estuvo cerca de fragmentar definitivamente la unidad de la gran horda de Gaochan. Muchos hombres y mandos comenzaron a cuestionar la efectividad del mando del Khan, y sólo la gran fortuna que parecía suspendida sobre la cabeza de Kemal evitó que la situación se descontrolara para siempre: tras arengas continuas por parte del Khan, y promesas de riquezas y saqueos sin fin en el sur, la mayor parte de los soldados manifestaron su fidelidad hacia Gaochan y su Khan, y apenas hubo de lamentarse la deserción de unos pocos cientos de soldados.

Tras aquellos días extraños repletos de sustos y traiciones, Kemal Khan contrajo al fin matrimonio con la viuda de Uzbek, adoptando de inmediato a sus hijos como propios. La sangre del gran Uzbek Khan no sería extirpada del mundo, como muchos pensaban tras el anuncio de matrimonio, sino que crecería protegida por el nuevo Khan.
Pero no tardó Kemal en abandonar la paz del campamento y el calor de su nueva esposa, y poco después de contraer matrimonio partió junto a las tropas, secundado por su fiel aliado Onur, en dirección a la región de Gunzhou, perteneciente al reino de Dali.

Durante el mes de septiembre y hasta bien entrado octubre, las tropas del Khanato se dedicaron a ocupar los territorios de Gunzhou, donde apenas habían encontrado resistencia alguna. Tampoco había allí nada de riqueza relevante, de modo que la horda se desplazó con rapidez hacia el sur a la búsqueda de presas más jugosas.
En Abril de 1091 las tropas de Kemal llegaron a la principal región de Dali, la fértil Nan Chao, y en Mayo atacaron al fin al ejercito de Hang Yen, Rey de Dali.

El pobre reino había alcanzado a reunir un ejército considerable, de unos 10.000 soldados, a lo que se sumaban una importante cantidad de fuertes que apoyaban con efectividad la defensa de la región. El Khanato de Gaochan, en cambio, disponía de mas de 35.000 guerreros, muchos de ellos a caballo.
Pese a la franca superioridad del Khanato, la suerte acompañó de forma decisiva durante los primeros combates al Rey de Dali y su ejército defensivo, causando un gran número de bajas a la horda. La suerte no fue suficiente, en cualquier caso, y finalmente el Rey Hang se vio obligado a retirarse de forma bastante ordenada hasta la capital, Tai'Li.
En la región quedaron alzados en armas algunos fuertes que aún infligieron algunas bajas más al enemigo antes de ser destruidos durante el mes siguiente. Tras los primeros combates, Dali había perdido unos 3.000 efectivos, similar cantidad a las bajas sufridas por Gaochan.

Tras la ajustada victoria, Kemal ordenó saquear por completo la región, aunque sin perder allí más energías de lo necesario ya que de inmediato movió al ejército hacia la siguiente región de Dali, la montañosa Korat; en muy poco tiempo logró conquistarla y saquearla hasta los huesos. La siguiente provincia en la lista de Kemal Khan era Laos, ahora aliado feudal del reino de Dai Viet.

Y fue allí, en Laos, donde la guerra dio un giro inesperado.

Los líderes de las tropas de Laos, feudales de Dai Viet, suplicaron al Príncipe Ieng Moul que les permitiera regresar para defender su país, tras la gran victoria conseguida contra la inmensa horda de Kerait en territorio de Dai Viet. Pero lo sorprendente fue que el propio Príncipe decidió acompañar a sus aliados con todo el ejército, en lugar de mantener a las tropas alerta pero descansando tras los duros combates contra Kerait. Ieng Moul se sentía fuerte, y sabía que debía aprovechar esa inercia si esperaba detener al Khanato de Gaochan.

En Laos, donde habría de librarse una batalla definitiva para tantos y tantos hombres, Kemal Khan contaba con unos 32.000 guerreros. Dai Viet había reunido un ejército de más de 11.000 hombres, y aunque el Príncipe Ieng Moul había derrotado con ellos a una horda que prácticamente duplicaba en número a la de Gaochan, en esta ocasión no luchaban en territorio conocido y repleto de defensas como sí sucediera en el pasado. Los hombres de Dai Viet y Laos habían aprendido mucho de sus combates contra Kerait, pero tal vez la experiencia y la determinación no fueran suficientes.

Las cosas comenzaron bien para el Príncipe Ieng Moul: aprovechando el caos en que se encontraba la horda, a causa de los saqueos a los que estaban sometiendo ya a la región, Ieng Moul lanzó un ataque inesperado y devastador que tomó por sorpresa a Kemal Khan, quien apenas sí esperaba resistencia real tras la batalla por Nan Chao.
Cuando la batalla mostraba la mejor cara para Dai Viet, cuyo ejército había causado una enorme cantidad de bajas en el primero de los choques, todo cambió: una flecha perdida atravesó el ojo izquierdo de Ieng Moul, vaciándolo y clavándose al fin en el cráneo tras destruir el cerebro del gran Príncipe de Dai Viet. El ejército, aturdido por la sorpresa, se retiró de los combates llevándose el cadáver de su líder hasta las fronteras, dejando así que Gaochan prosiguiera son sus saqueos.

Pero Kemal Khan sabía bien que de no haber muerto aquel Príncipe guerrero su Khanato habría perdido la batalla: la diferencia entre las casi cinco mil bajas sufridas, frente a las dos mil por parte de Dai Viet (casi todas pertenecientes al ejército feudal de Laos), mostraba el verdadero alcance de la batalla de Laos.
Después de aquello, el Khan de Gaochan tendría mucho más cuidado.
Con aquella directriz en mente, tras la batalla de Laos Kemal partió hacia Nam Pung, para después dirigir su horda hasta Lampang, Kayah y finalmente Sagaing. En todas las regiones logró reclutar nuevos guerreros.
« Última modificación: 25 de Julio de 2006, 10:31:56 pm por Uve »
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Re: Newfax Turno 18 (1090-1094)
« Respuesta #13 en: 25 de Julio de 2006, 03:27:05 pm »
Khanato de Saraba
(Pagano Asiático Nómada Nación Abierta)
Tukeban Khan, "El Rayo que Cabalga"
Diplomacia:


"Tras casi una hora de cabalgada frenética, Tukeban Khan detuvo al fin a su caballo al pie una pequeña loma junto al pequeño grupo de jinetes que componía su guardia personal. La noche cerrada los ocultaba por completo de las miradas inconvenientes, pero aun así los hombres descabalgaron y se tumbaron para alcanzar a rastras la cima de la loma. Una vez arriba, cuando vio lo que se ocultaba tras la colina, Tukeban abrió mucho los ojos y masculló un insulto.

–Allí, allí, allí... y también allí, tras aquel conjunto de colinas altas –indicó con el dedo el joven explorador que los había acompañado hasta el lugar, en la frontera difusa entre las regiones de Saksiny y Ghuz. La horda había llegado hasta Saksiny cerca de una semana atrás, pero el grueso de la tropa estaba muy cerca de aquella loma–. En realidad, están por todas partes.

Los fuegos crepitaban con fuerza a no mucha distancia de Tukeban Khan y sus hombres; pero los restos ardientes de aquella aldea de gran tamaño no lograban centrar la atención del Khan de Saraba: dentro y fuera de la población, y hasta donde alcanzaba la vista, unos guerreros de piel oscura como la suya y ligeros y hermosos caballos estaban asesinando con absoluta crueldad a todo cuanto se movía a kilómetros a la redonda. Sistemáticamente. Hombres sanos, pero también enfermos; mujeres encintas, ancianos cuya fuerza ya había quedado muy atrás en el tiempo.
Y niños.

Muchos niños.

–No están tomando nada –dijo su aliado Bulgur Wheat a su derecha–. Esos perros están matándolo todo pero sin robar nada. ¿Por qué cojon...?
–Pretenden evitar que consigamos aquí más guerreros –dijo Tukeban entre dientes–. No hay hombres, no hay guerreros.
–¿Pero quién se atreve a...?
–No lo sé –reconoció Tukeban–. Pero son como nosotros. En apariencia algo mejor vestidos, pero son hombres de las estepas.
–Otra horda. –Bulgur cabeceaba incrédulo–. Maldita sea la tierra, es otra jodida horda...
–Mi Señor Khan –dijo el explorador tratando de llamar la atención de los grandes hombres que lo rodeaban–. No... no son una horda.
Tukeban volvió la mirada hacia el joven, casi un niño, que había descubierto las tropas desconocidas en Ghuz durante el día anterior. Era un chico hábil, buen jinete y silencioso; si se atrevía a hablarle, es que además de todo lo anterior debía ser valiente.
–¿Qué sabes de ellos?
–Sólo lo que mi padre me contó. –El joven volvió a mirar hacia los fuegos lejanos, cerrando levemente los ojos como si pretendiera recordar mejor, o tal vez enfocar con mayor fidelidad las figuras que se recortaban en la lejanía. Tragó saliva–. He visto sus banderas: verdes, y una banda roja las cruza de lado a lado en diagonal. Son turcos. Deben ser turcos.
–Turcos... –dijo Bulgur echando el cuerpo levemente hacia atrás en un acto reflejo–. ¡Turcos!
–Turcos. –Tukeban Khan tomó aire con fuerza, aspirando el aroma a cenizas y cadáveres quemados. La ira lo inundó por completo–. Bulgur, prepara al ejército.
–Pero mi Señor Khan... se dice que son los guerreros a caballo más temibles del mundo. Se dice que jamás han sido derrotados en combate, ni siquiera por fuerzas muy superiores en...
–Bulgur –Tukeban contempló a su aliado y amigo con serenidad. Luego asintió–. Prepara al ejército."


El "Rayo que Cabalga" había decidido cuál había de ser su objetivo. Sabía que en Bolgar, pese a que allí acudían guerreros de las estepas sin cesar, no podía permanecer quieto si pretendía seguir creciendo y, sobre todo, si pretendía mantener el orden entre los hombres.
También sabía que las naciones civilizadas eran especialmente taimadas, pues tal es el recurso de los cobardes abotargados por la comida y el calor de los fuegos, que tratarían de engañarlo con sobornos y mentiras. Lo que ellos no sabían era que Tukeban no era un advenedizo arrastrado al combate por la necesidad: el Khan de Saraba no pretendía dar descanso a su gran horda a la primera oportunidad, como seguramente preveían los hombres de los reinos de occidente u oriente. No hasta que el mundo entero se postrara a sus pies.

Haciendo uso de una astucia poco común en quien no ha tratado jamás con los arteros diplomáticos del occidente, Tukeban envió mensajeros cargados con misivas escritas por los esclavos que sabían dibujar las palabras capturados en las regiones saqueadas cercanas al Volga: solicitaba dinero y alimentos a cambio de respetar ciudades y regiones, o a cambio de asaltar a las del vecino. Un largo intercambio de misivas con las naciones del oeste, le convenció de que esperaban que la horda atacaría a alguna de ellas para dar un ejemplo de fuerza. Kiev, tal vez Polonia o Hungría... Aun sin saber con exactitud a cuál de los tres reinos castigaría la horda de Saraba, no le cabía duda de que estarían esperándolo.

Pero no acudiría a la cita.

Con la gran marea de guerreros a sus espaldas, en un movimiento completamente inesperado el Khan dirigió al ejército hasta Azerbaijan, muy hacia el sur y lindando con el Emirato de Bagdad y el Imperio Bizantino, ocupando la región sin ninguna dificultad y llevándose consigo todo cuanto encontró allí. Seguidamente, el gran Bulgur Wheat llegó a la región una vez ocupada, y dedicó a sus hombres de infantería a asediar con tranquilidad la ciudad de Tabriz a la espera de que sus habitantes cedieran y se rindieran. Sabedores de que no podían aguantar por siempre, y que si lo hacían serían castigados con la muerte, los líderes de Tabriz rindieron la ciudad y solicitaron piedad y alimentos.
Obtuvieron muerte.
Cuando la horda dejó atrás Azerbaijan, nada vivo quedaba allí.

La siguiente región en padecer el ataque de Tukeban sería Alan, de regreso ya hacia el norte, muy cercana a las fronteras con Bizancio.
En Agosto de 1092 las tropas del Khan estaban llegando a Alan cuando sus exploradores descubrieron en la región a un inmenso ejército combinado de Bizancio y Bagdad. Tukeban escuchó las noticias impertérrito, y sin dudar un instante ordenó alterar el rumbo para evitar el encuentro. Pese a su inferioridad numérica Tukeban no temía luchar contra las dos grandes naciones, aun cuando un ataque lo condujera al suicidio; pero tenía tiempo, mucho tiempo: cuando combatieran, lo harían en sus condiciones y en el momento y lugar que él escogiera.

Casi un año después, en Julio de 1093, las tropas de Tukeban llegaron tras un largo viaje hasta la región norteña de Ghuz. Allí, asesinando y quemándolo todo, aguardaba un ejército turco compuesto por diez mil de los mejores soldados del sultanato a las órdenes del gran General Basut, el héroe de la guerra de Persia. Desde lo alto de una loma, al abrigo de la noche, Tukeban Khan, el Rayo que Cabalga, decidió la suerte de la Horda de Saraba.

((CONTINUARÁ...))
« Última modificación: 25 de Julio de 2006, 05:07:25 pm por Uve »
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« Respuesta #14 en: 25 de Julio de 2006, 05:10:02 pm »
LA BATALLA DE GHUZZ
(Khanato de Saraba, parte 2)

Tukeban cayó con su gran horda desde varios puntos distintos sobre el desordenado ejército Turco, sorprendido a media mañana mientras las tropas de élite del Sultanato se dedicaban a asesinar despreocupadamente a los habitantes de Ghuzz. El General Basut, haciendo gala de la gran capacidad de líder de tropas que había esgrimido en Persia, no tardó en recomponer las filas turcas más cercanas tras sufrir la primera oleada del Khanato. Pero su ejército era demasiado grande como para hacer oír sus órdenes con efectividad sin tener contacto son sus oficiales.

Casi 40.000 hombres de Saraba dieron la vuelta a sus pasos, o recuperaron el terreno de sus monturas para caer de nuevo sobre el ejército Turco. Durante casi seis horas, la superioridad numérica de cuatro a uno resultó decisiva al negar a los mucho más cualificados guerreros turcos la posibilidad de organizarse. Oleada tras oleada chocaba sobre las filas del General Basut, y cuando apenas comenzaba a atardecer el gran y hasta entonces invicto ejército del Sultán se vio obligado por primera vez en su historia a huir en desbandada de un campo de batalla. Cuando logró reorganizar sus filas tras la huida y la persecución consiguiente, el ejército del General Basut había perdido unos 3.000 hombres: 3.000 de los mejores guerreros del sultanato, la élite de entre la élite, muertos para siempre.

Aunque Tukeban sufrió en la batalla más de 8.000 bajas, lo cierto es que había vencido sin lugar a dudas al mayor adversario que podía encontrarse en aquel tiempo. El alcance en bajas de su victoria se perdería en la memoria rápidamente, pero nadie allá donde lo llevaran los cascos de su caballo podría olvidar el poderoso mensaje: Saraba ha derrotado al Turco.
La fuerza moral de aquella victoria tuvo como efecto inmediato que el avance de la horda por las regiones de Kazan, Tabolsk, Ob y Palavoi diera grandes frutos al reclutar nuevos y animosos guerreros en cada uno de los territorios por donde pasaba el Khanato de Saraba. Además, el Khan de Ob decidió unirse al camino del Rayo que Cabalga y su horda de guerreros. Allí donde fuera Tukeban, allí irían los hombres de Ob.

Bulgur Wheat siguió orgulloso el camino de su amigo y Señor Tukeban, llegando hasta Khirgiz. A finales del año de 1094, Tukeban y su horda dejaban pasar el crudo invierno desde la norteña región de Palavoi.
Y todo el inmenso mundo se abría a sus pies.

« Última modificación: 25 de Julio de 2006, 05:15:30 pm por Uve »
?En Italia, durante 30 a?os de dominaci?n de los Borgia, hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel ?ngel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor, fraternidad y 500 a?os de democracia y paz ?Y qu? nos ofrecieron? El reloj de cuco?.

Orson Welles.